jueves, 20 de enero de 2011

CIENCIA POLITICA, NUEVA CARRERA EN LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA
El 16 de noviembre de 2010 el Ministerio de educación Nacional mediante la resolución número 9903, le aprobó a la Universidad del Tolima el programa de Ciencia Política. Es un programa de pregrado, presencial, diurno, de 140 créditos, con una duración de 8 semestres y otorga el título profesional de politólogo. La estructura del Programa es flexible y posibilita que un estudiante pueda estudiar, si quiere, dos carreras al tiempo, desarrollando competencias y habilidades para, en ejercicio de su autonomía, participar activamente en el desarrollo regional.

Una motivación importante de la Universidad es contribuir con la superación de la crisis de liderazgo regional. Para nadie es un secreto que en la actualidad, un sector muy importante de la clase política dirigente está en prisión o en proceso de ir a ella. La relación de ellos con grupos por fuera de la ley y con prácticas clientelistas, nepóticas y corruptas han llevado a que el departamento esté huérfano de representación y vocería en los altos niveles tanto oficiales como privados del orden nacional.

Otra cara del mismo problema es que la democracia representativa, mal entendida, se ha transformado en la suplantación de las mayorías representadas. Es decir, en el quehacer regional, un líder político no es el que acompaña y se acompaña de una comunidad organizada, concienciada y dinamizada, sino el que la reemplaza, asume su vocería y la utiliza para su propio beneficio. Si bien es cierto, la comunidad recibe algunas ayudas, estas son de contera, como agregados y no como fin principal. Este tipo de liderazgos son los que se engloban en el contexto de lo que se ha denominado la pequeña política, es decir, política de intrigas, de recomendaciones, favores personales y politiquería.

Se necesita entonces, contribuir a construir a superar estos problemas. Un programa de Ciencia Política debe aportar en la construcción de nuevos liderazgos inmersos en una cultura política incluyente, formativa, responsable y comprometida con lo social, con lo regional y lo global. Una Ciencia Política que le permita al estudiante y los habitantes de la región repensar la política tanto como saber y como proyecto cultural. Entender la Política como deliberación, comunicación y participación. Política como reflexión crítica, como problema de pensamiento, como asunto público y beneficio social y colectivo

La Universidad del Tolima le ofrece a la región y al país una Ciencia Política que entiende los retos de los tiempos: la irrupción de las nuevas subjetividades; los movimientos feministas y la perspectiva de géneros; los desplazamientos; los movimientos LTGB; el calentamiento global y la problemática ambiental; la globalización y el ocaso de los estados nacionales, entre otros.

La Universidad del Tolima con este programa quiere que los habitantes de esta  región la vislumbren como el centro de la esperanza. Y a este programa como el camino para refundar la política, para una nueva ciencia del poder, para una re-creación de la democracia, para vivir y disfrutar una verdadera nueva política. Una Ciencia Política que entienda la importancia de lo regional, la valía de mirar con proyección y propuestas desde la región tanto al país como al mundo, compaginando lo local con lo global.

Están abiertas las inscripciones hasta el 16 de febrero. La información, las inscripciones y trámites se hacen por internet, en www.ut.edu.co.

jueves, 13 de enero de 2011

¿POR QUÉ QUEDAN MAL HECHAS LAS OBRAS DEL ESTADO?
Por: AGUSTIN ANGARITA LEZAMA
Preguntas que dan vueltas en la cabeza de muchos ciudadanos son ¿por qué las obras públicas son de tan mala calidad? ¿Por qué, si existen tantos organismos de control y vigilancia, las obras quedan mal ejecutadas y hay, con mucha frecuencia, que rehacerlas o modificarlas sensiblemente?
Las respuestas son diversas y variadas, pero todas confluyen en la corrupción. ¿Por qué? La financiación de las campañas de los gobernantes, costosas por cierto, tienen suculentos aportes de los contratistas. Es decir, si un gobernante sale elegido, es con compromiso, no con sus electores, sino con sus financiadores. Esto nunca se dirá públicamente, para eso habrá un discurso edulcorado que diga que su espíritu de sacrificio lo hará trabajar día y noche sin descanso en beneficio del pueblo, en beneficio de las clases populares.
¿Cómo le van a cumplir a un contratista, si existe una ley de contratación y los gobernantes firman un compromiso de trasparencia? Hay varios caminos. Los contratistas con sus abogados harán la convocatoria oficial con sus respectivos pliegos, de tal manera que no importa quién concurse, ellos se la ganarán. Convocatoria hecha a la medida del contratista. Este mecanismo tiene riesgos, pues algunos concursantes pueden darse cuenta del engaño y protestar haciendo escándalos en medios de comunicación independientes. Otra salida son los convenios interinstitucionales. El Estado contrata con un instituto descentralizado una obra. En otras palabras, el Estado contrata con él mismo. Saca plata de un bolsillo y se la pasa a otro de su mismo pantalón. En eso no habría trampas. Lo que sucede es que así se evita una licitación pública. Y el ente contratado podrá subcontratar a quien le ordene el gobernante para la ejecución de la obra. Así el gobernante cumple su compromiso de campaña.
Bueno, pero un contratista puede ser eficiente y esta maroma legal no lo deslegitima para que por este esguince, haga las cosas mal. Es cierto, pero es que aquí no para la corrupción. El mandatario “cobra” por el favor. Según dicen, la época de Maradona ya pasó, y ya no se cobra como porcentaje el número del famoso futbolista, el 10, sino el 20 y más. La sabiduría popular dice que del palo salen las cucharas. ¿De dónde sale la plata para pagarle al mandatario, para que los funcionarios no traben la cuenta,  para que el interventor acepte como bueno lo que no puede ser bueno y para que el contratista gane por su trabajo? No lo dude. La plata sale del contrato aprobado. La plata sale de reducir la calidad de los materiales, de hacer marrullas para adicionar el contrato con sobrecostos, etc. En resumidas cuentas, la obra quedará mal hecha, la ciudadanía refunfuñará unos días, pero lo olvidará, como  olvidará que el gobernante por el que votó, no era adinerado pero ahora sí; que vivía en un barrio popular, pero ahora lo hace en un exclusivo sector y se desplaza en costosos vehículos, que con el sueldo que gana no podría comprar.
Cuando se produce una algarabía por una obra mal hecha, las autoridades anuncian que se iniciará una exhaustiva investigación, prometen que encontrarán y castigarán a los culpables,  que esta vez sí se hará justicia y que la impunidad no pasará. Pero no pasa nada. ¿Entendió por qué las obras oficiales no duran? 

jueves, 6 de enero de 2011

BÁRBAROS ARMADOS
Por: AGUSTIN ANGARITA LEZAMA
Hoy, pese a los esfuerzos de fundamentalistas y mentes anticientíficas, se habla de la evolución. No obstante, estoy convencido, que no la entendemos. Huxley decía “que lo curioso de la teoría de la evolución, es que todo el mundo cree que la comprende”. Es que a simple vista parece sencilla. Muchos interpretan que la evolución consiste en que los más fuertes sobreviven siendo los ganadores y seleccionados por la naturaleza, y que los débiles serían descartados y  perdedores. De aquí se podría colegir, que los exitosos serían los que aplican de manera acertada la ley del más fuerte. Sin embargo, están equivocados, esto es una vulgar caricatura de lo que es la evolución. Pero, esta equivocación ha echado raíces y se ha metido en el imaginario de la gente.
Esta interpretación calza perfectamente con el pensamiento patriarcal que asume que los hombres, al creerlos más fuertes, serían mejores que las mujeres. Y que la fuerza sería la característica más importante a demostrar  para ser exitoso. Ser hombre, entonces, sería hacer alarde de fuerza, de valentía, de intrepidez, de capacidad de lucha y conquista. Al ser que no es valiente, que no se ufana de su fuerza, que asume sin sonrojo miedos y temores se le endilga el remoquete despectivo de mujer. La vida misma se entiende como una afrenta, como un combate para “ganarse” el sustento, como una “lucha” contra la pobreza, contra la adversidad.
Es llamativo escuchar los discursos en los entierros, donde refiriéndose al difunto, se hace como si el muerto hubiera sido un luchador incansable, un defensor, un adalid, un guerrero justiciero. ¿Será esta estúpida creencia, la que lleva a la gente, en este caso a hombres y mujeres, a pensar que para ser exitosa, para que la guerra de la vida se defina a favor de ella, además de la mentalidad guerrera, hay que vivir armada? En las barriadas populares y en el campo poseer un arma de fuego es sinónimo de respeto.  Es como si la inteligencia se agolpara en el dedo que tira del gatillo.
Esta fiesta de Año Nuevo estuvo manchada por muertos y heridos, por balas perdidas, especialmente de niños. Balas disparadas por imbéciles que están convencidos que su valentía y posibilidad de éxito están resguardadas por su arma. Estos pobres seres se creen evolucionados por sentirse los más fuertes.
Como en este país las acciones de prevención son un chiste, cuando  hay muertos, se acuerdan que el tráfico de armas es fuente de astronómicos ingresos para la mafia; que no se tiene un seguimiento riguroso de las armas que el Estado ha entregado ni de la población que está armada. Un verdadero Estado de derecho tiene el monopolio de las armas, o el monopolio de la fuerza, como diría Weber. Es decir, la población civil no debería estar armada. Si el Estado entrega armas a los ciudadanos estaría reconociendo que él no es capaz de ofrecer la seguridad por la que pagan impuestos esos ciudadanos, y que es una de las funciones fundamentales para que exista el Estado. Si los ciudadanos consideran que para ser exitosos y valientes necesitan armas, la educación que se les está impartiendo está equivocada. Habría un grave problema de mentalidades y no sólo de disposición de armas de fuego. La urgencia sería de calidad de educación. 

jueves, 30 de diciembre de 2010

ENFERMEDAD DE HUBRIS
Por: AGUSTIN ANGARITA LEZAMA
La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de describir una nueva enfermedad. Lo nuevo es la descripción no el mal, pues este existe desde hace muchos años. Es una enfermedad que da más en hombres que en mujeres, pero se ha notado un incremento progresivo en ellas, por lo que se teme que lleguen a igualar las cifras de los varones. Se presenta sólo en mayores de edad y con más alta incidencia en personas de más de 40 años. Los más atacados son personas que gobiernan, que dirigen, tanto en el sector público como en el privado. Los que sufren con más rigor los embates de la enfermedad son los que llevan varios años en el poder y con deterioro progresivo de la inteligencia.
La enfermedad la han bautizado Hubris y a los enfermos húbricos. El nombre proviene de la palabra griega Hybris que quiere decir orgullo, presunción, arrogancia. Los pacientes que sufren de este mal se alejan poco a poco de la realidad. Es como si vivieran entre una burbuja que los aislara de lo que ocurre y les hiciera ver una realidad diferente y distorsionada. Estos enfermos no escuchan prácticamente a nadie y se encierran en sus pensamientos e ideas. A medida que empeoran, se sienten infalibles, que todo lo saben, que todo lo tenían previsto y que son insustituibles.
Un enfermo húbrico tiene exagerada confianza en sí mismo, alimentada por su estrecho círculo de alabadores que aprovechan la incultura y daño de la inteligencia del paciente. Sus oídos se hacen sordos ante cualquier consejo y su sistema nervioso se irrita sobremanera cuando se le critica. Se han descrito casos de reacciones paranoides ante cualquier crítica, con sensaciones de destrucción contra los detractores, aflorando amenazas de muerte, lenguaje soez, desarticulado y balbuceante. Sufren de sed insaciable por los elogios y mientras más exagerados mejor. Deliran por las alabanzas, condecoraciones, homenajes y todo tipo de exaltaciones. Están dispuestos a financiarlas si es del caso. Su lenguaje se va haciendo progresivamente pausado, celestial, casi divino…
Los casos más severos de la enfermedad de Hubris, sufren de delirio por el poder. Quieren eternizarse. ¡Cómo no hacerlo si se creen insustituibles! Cuando no pueden hacerlo directamente, buscan retener su poder en cuerpo ajeno, poniendo candidato propio para la sucesión. Este personaje debe reunir algunas características: ser dócil, obediente, sumiso y leal como los cánidos.
Lo que no está del todo claro es si el afán por eternizarse en el poder tiene que ver con la urgencia de que no se destapen ollas podridas cuidadosamente escondidas, o con la escasez del tiempo para consolidar la fortuna soñada, o con la necesidad de sumar más errores a la larga lista, pero que son vistos como aciertos al creerse casi dioses.   
Aunque los investigadores de la OMS trabajan en la creación de una vacuna, está enfermedad crece sin control. Los tratamientos son difíciles por lo escasos y costosos. Se necesitarían equipos de gobierno preparados, que no sean ingenuos, que sean críticos, que tengan elementos de juicio propios para hacer ver las realidades, que no sean proveedores de lisonjas y ditirambos, que sean honrados y con compromiso social. Además, una ciudadanía actuante, vigilante, veedora, exigidora de cuentas. ¿Conoce usted un enfermo Húbrico?
P.D. Feliz Año Nuevo para todos y todas.

jueves, 16 de diciembre de 2010

LA DEFENSA DE LA VERDAD Y LA DENUNCIA DE LOS PRIVILEGIOS
La constitución de 1991 pretendió ser una Carta para la Paz. Y apostó a ello. Un elemento importante para poder consolidarla era tratar de eliminar una serie de privilegios que camuflados bajo el rostro de derechos, hacía de los derechos una buena intención, un propósito sano y en ocasiones, un chiste. En las empresas, en los bancos, en la escuela, en el trabajo, en la formación cívica y hasta en la moral religiosa se hablaba sólo de deberes, muy poco de derechos. Es como si la vida estuviera pensada para simplemente obedecer. Unos pocos mandaban y otros muchos obedecían. Si se examinan con cuidado los manuales de buenos modales, son una invitación a obedecer y a cumplir reglas y mandatos.

Construir un país con Paz y con democracia no se puede lograr basado en privilegios. Tanto la libertad como la igualdad y la dignidad humana son los sustratos de la Paz. Una de las decisiones de los Constituyentes contra los privilegios, fue plasmar en la Constitución la eliminación de la inmunidad parlamentaria. Era vergonzosa la patente de corsario que tenía la clase política para, prácticamente, delinquir ante los ojos de todos sin responder por sus actos. En otra ocasión habíamos dicho que si un derecho no va aparejado con un deber, es un privilegio. La clase política, especialmente los parlamentarios, tenían derechos, pero casi ningún deber.

Una norma no es suficiente para derrotar una costumbre. Las costumbres, con mucha frecuencia resultan derrotando las leyes y decretos que las contradicen. Se requiere tiempo y perseverancia para que una costumbre se modifique. La pérdida de esa inmunidad parlamentaria, en parte, explicaría el abultado número de congresistas investigados y condenados. Y por el mismo camino, otros políticos, llámense alcaldes, concejales, gobernadores, secretarios de despacho u otros altos funcionarios. Como la ciudadanía se podría dar cuenta de las fechorías de los miembros de la clase política, estos optaron por acciones a su medida. Comprar la prensa mansa para que los alabaran, para que los endiosaran, para que fueran sus cómplices. Y perseguir a los que no se doblegaran a sus caprichos.

La clase política en general, detesta la prensa libre. Odian que publiquen sus andanzas con las mafias, sus riquezas ilícitas acumuladas, sus trapisondas para ganar elecciones, repartir contratos, puestos y canonjías. Las noticias de sus actos son tachadas como montajes, envidias de sus enemigos o acciones de periodistas de mente retorcida.

Como tolimense, como ciudadano y como demócrata celebro la independencia y el respeto por la libertad de prensa expresada por El Nuevo Día, su dirección y sus periodistas. Entiendo las arremetidas de los corruptos contra el periódico. Ellos quieren mantener intactos sus privilegios, pero el periódico, comprometido con las libertades democráticas y con los derechos de los ciudadanos, resiste. La ciudadanía cada día entiende mejor esto y por eso, como en el poema de Zalamea, crece la audiencia. La honradez parece débil, pero es terca y ante el fuego de la corrupción, se retuerce y parece quejarse, pero al final se convierte en acero y espada justiciera. Celebro la existencia de la prensa libre, aplaudo la existencia de la prensa independiente y me alegra que El Nuevo Día siga cumpliendo años.

P.D. Feliz Navidad y próspero Año Nuevo para todos y todas.

jueves, 9 de diciembre de 2010

POR UNA SOCIEDAD 
MATRÍSTICA Y NO PATRIARCAL
Por: AGUSTIN RICARDO ANGARITA LEZAMA
Hace una semana escribí sobre lo patriarcal, cultura que valora la guerra, la competencia, la lucha, las jerarquías, la autoridad, la apropiación de los recursos, el crecimiento como visión del desarrollo, el control, la dominación, el poder. Hoy quisiera contrastarlo con otra alternativa de vida, con otra cultura: lo matrístico.
En el patriarcado no se terminan las posibilidades del ser humano. Existe algo más que el mundo del egoísmo y del individualismo capitalista. Lo matrístico es el mundo del respeto, del reconocimiento, de la aceptación, del afecto. No es el mundo de la competencia que caracteriza lo patriarcal, sino el mundo de la cooperación,  colaboración y solidaridad. En la cultura matrística hombres y mujeres tenemos los mismos derechos, y tenemos diferencias biológicas, pero no diferencias sociales. En una sociedad matrística, por ejemplo, los quehaceres del hogar como lavar loza, tender camas, barrer y trapear, hacer de comer, son asuntos de los que viven en la casa y no solo de la esposa o las hijas como cree la sociedad patriarcal.
El patriarcado no es un asunto meramente masculino. Hombres y mujeres podemos tener características patriarcales, como también, ambos podemos llegar a ser matrísticos. Creo, como lo enseña la biología, que somos seres dependientes, que necesitamos del prójimo para poder sobrevivir. Dependemos de la naturaleza, no podemos vivir sin ella. Por lo tanto, todo lo que le pase al otro, a la otra o a la naturaleza nos toca, nos debe interesar, nos debe preocupar. El mundo de la indiferencia, la apatía, del egoísmo, se puede superar si entendemos que la vida es dependencia, autonomía, respeto, solidaridad, afecto, cooperación, amor.
Se puede hacer realidad un mundo donde no sean el odio, la envidia, el individualismo, la soledad y la indiferencia los que brillen. No debemos seguir alimentando la violencia, la miseria, el olvido, la tristeza, la discriminación y el deterioro de la naturaleza.
La cultura matrística está fundamentada en el respeto por el prójimo. Entiende que cada ser humano tiene una capacidad de conocer y de comprender el mundo que es distinta en cada uno. Si cada ser humano tiene una forma de conocer diferente, si lo que ve el uno no es siempre igual a lo que ve el otro, entonces la convivencia, lo social, la sociedad, tiene que basarse en el respeto, no en la imposición de la obediencia y la uniformidad. Si todos entendemos el mundo de manera distinta, se necesitaría construir un espacio de encuentro, de respeto, de reconocimiento, de legitimidad, para ponernos de acuerdo, para construir una realidad que sea común a los que deseamos vivir juntos. Este espacio de la relación, de la interacción y del encuentro es la cultura matrística.
¿Será una utopía lo que propongo? A Eduardo Galeano, cuando le preguntaron para qué sirve una utopía, dijo: “La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para  eso sirve: para caminar.” Invito a caminar el sendero del respeto, de los derechos humanos, de la convivencia en paz, y a seguir trabajando y caminando juntos. Es cierto que no hay camino, pero lo haremos al andar…

jueves, 2 de diciembre de 2010

REFLEXIONES SOBRE LA CULTURA PATRIARCAL
POR: AGUSTIN ANGARITA LEZAMA
Nacimos y hemos vivido en un mundo patriarcal. Igual les sucedió a nuestros antepasados. Hasta donde nos alcanza la memoria, la vida, en el mundo occidental moderno, ha sido patriarcal. Como no conocemos otra manera de vivirla, creemos que es la única forma posible, que no hay otra diferente a ella.
La competencia es inherente al mundo patriarcal. Aprendimos que la vida es una afrenta, una lucha por la supervivencia, una guerra por el pan de cada día; y que todos competimos y sólo los ganadores serán exitosos. Los perdedores, se deberán resignar a ser pobres, a tener malos sueldos y empleos, a vivir de cualquier manera y a sufrir con paciencia. Es el precio de ser perdedores. Como nadie quiere perder y el costo de la derrota es muy alto, la trampa se convierte en una opción apreciada para ganar de cualquier manera. La vida se entiende como competir. Pero la competencia está fundamentada en la negación del otro. Para que alguien gane tiene que negar a los demás. La convivencia, entonces, está impregnada de la negación del prójimo.
Hablar de lo patriarcal, es hablar de dominación, de control, de negación del semejante, de apropiación de las personas y de la naturaleza, de considerar a los demás como cosas para utilizar, para sacarles provecho. La cultura patriarcal se basa en una serie de emociones y acciones que se reflejan en nuestra vida cotidiana en la que se valora la guerra, la competencia, la lucha, las jerarquías, la autoridad, el poder, la apropiación de los recursos, el crecimiento como visión del desarrollo. Pero lo más importante, es que justifica racionalmente el control y la dominación de los otros, bajo el supuesto de poseer la verdad, en otros términos, la cultura patriarcal se apropia de la verdad y todo punto de vista distinto, en mirado como afrenta, enemistad, equivocación o mala intención.
En la cultura patriarcal, se cree que todos nuestros actos requieren el uso de la fuerza, por lo tanto, cada instante en relación con otro u otros es asumido como un desafío. Se considera, partiendo de la desconfianza que nace en la negación del otro, que debemos buscar, a como dé lugar, la  certidumbre en la apropiación del mundo natural y de los otros seres humanos. En la cultura patriarcal el cuerpo y el sexo son vistos como fuente de vergüenza u obscenidad, y la sexualidad es entendida sólo como acto de procreación y no como fuente de placer, sensualidad y ternura entre seres humanos que se aceptan como legítimos para convivir en armonía.
Lo patriarcal es una cultura, una forma de vida, una manera de entender y ser en el mundo,  pero que es vivido y sentido tanto por hombres como por mujeres. De tal forma que una mujer puede ser profundamente patriarcal si se le han inculcado y ha asumido todos los “valores” de esta cultura, porque no es un asunto meramente masculino. Lo patriarcal privilegia los valores masculinos y los jerarquiza como los preferibles. En una cultura de enfrentamiento y de guerra, la combatividad, la agresividad, la audacia, la astucia, son valores a destacar y muy apetecidos. Lo femenino se subvalora, no se dimensiona y se relacionan con la cobardía, la debilidad, la delicadeza. Surge una pregunta: ¿su hogar, sus hijos, su convivencia es patriarcal?