miércoles, 9 de octubre de 2013

AZUCAR Y SALUD

Los azucares refinados son, prácticamente, parte de la vida de todos los colombianos. Casi se podría decir que no hay producto alimenticio donde no estén. Se encuentran en los zumos de frutas artificiales (por la televisión se ofrecen a montones), en las gaseosas, los cereales en cajas o latas, caldos de verduras, sopas, yogures, kumis y batidos industriales, helados, chocolatines, galletas, comidas empaquetadas, enlatados, mermeladas, chicles, salsas, bizcochos, bebidas hidratantes, pan industrial, y un muy largo, etc.
Mucha gente no sabe la avalancha de azucares refinados que consume. Ni los daños que ellos le pueden traer a la salud. Estos azucares se presentan en las etiquetas como glucosa, dextrosa, maltosa, manosa, fructosa, sucrosa, sacarosa, entre otros. En general, todos los ingredientes que terminen en “osa” son azucares refinados.
El profesor de la Universidad de Utah en Estados Unidos,  Wayne Potts, realizó una investigación sobre los daños que producen a la salud los azúcares refinados, inclusive consumidos en dosis moderadas. Venenos los denomina. Corroborando otras investigaciones, el profesos Potts, establece una relación entre azucares refinados y los desordenes mentales, incluidos la demencia senil y la depresión. Uno de los más comunes es la hiperactividad, falta de atención y concentración, e incluso depresión, en niños. La relación es directa entre el mayor consumo de azúcar y aditivos en los alimentos industrializados de la dieta de los niños y estos desordenes mentales.
También hay datos sobre los daños en el aparato cardiovascular que induce el consumo de azúcar. Se sabe que aumenta los niveles de triglicéridos, colesterol y de radicales libres, que son tóxicos para el corazón y las arterias.
Un tema destacado en la investigación son los efectos sobre el sistema inmune del organismo. Las enfermedades infecciosas se presentan con mayor frecuencia en niños que consumen habitualmente azucares refinados. Además su recuperación es más lenta.
Es conocida la relación entre azúcar y caries dental. El esmalte de los dientes es el material más duro y resistente que tiene el cuerpo humano. ¿Si los azucares lo debilitan y lo dañan, qué otros daños podrían hacer en el resto del cuerpo?
El azucar por su alta acidez, inhibe la capacidad del cuerpo de aprovechar el calcio y el magnesio, debilitando los huesos y favoreciendo la aparición de osteoporosis y ateroesclerosis. El estudio documenta como el consumo de azúcar lleva a la degeneración de la mácula en el ojo, lo que desencadena pérdida de la visión por el deterioro de la retina. Se habla que a mayor consumo de azúcar mayor posibilidad de sufrir demencia senil, Alzheimer y envejecimiento prematuro.
Todos estos daños ocurren porque en el proceso químico de refinación del azúcar, para hacerlo más blanco y  fácil de disolver en líquidos, se le despoja de casi todos los nutrientes y para poder ser metabolizado por el cuerpo humano, este debe gastar altas dosis de vitaminas, enzimas, oligoelementos y minerales. Es decir, le sale muy caro al organismo el consumo de azucares.

El azúcar debe ser eliminado de la dieta. Inclusive es dañino en pequeñas dosis. Lea las etiquetas para descubrirlo. Si no cuida su salud por lo menos cuide la de sus hijos. La mejor vacuna contra las enfermedades es amor y una buena y sana nutrición, sin azucares refinados ni enlatados. Esto depende de usted.

martes, 24 de septiembre de 2013

CORAZÓN DE CEMENTO
La ciencia política enseña, desde el punto de vista teórico, cuales son las necesidades de una sociedad. Se habla entonces de la salud de los habitantes, de los problemas de desempleo, de las deficiencias educativas, de espacio público, de recreación o de movilidad. Empero, en la actualidad lo que moviliza a la mayoría de la gente son los problemas de infraestructura, específicamente las vías.
Muchos miden el progreso por el estado de calles y avenidas. Lo demás es secundario o de poca monta. Si se mejora la salud, la educación, la recreación y el deporte, la atención de la niñez, del adulto mayor o de la población vulnerable, todo eso nada vale si no se tapan los huecos de las calles. La calidad de vida se ve reducida a la cantidad de asfalto ejecutado.
La ciudad de Ibagué tiene más o menos 425 kilómetros de vías. De los cuales, al entrar este gobierno, alrededor de 370 estaban en mal estado. Pero más grave, es que la red de alcantarillado de la ciudad está obsoleta en un 70%, lo mismo las redes del acueducto. Recuperar estas dos redes cuesta más de 400 mil millones de pesos, además de la incomodidad de romper casi todas las calles y avenidas de Ibagué. No se debe recuperar una vía sin solucionar los problemas de alcantarillado y acueducto, porque el agua subterránea deteriora lo que se haga encima de ella.
Pavimentar un kilómetro de vía cuesta un poco más de mil millones de pesos. Luego arreglar las vías de la ciudad cuesta por encima de los 370 mil millones, sin contar los costos de acueducto y alcantarillado que son otro tanto o más. En el 2012 este gobierno recibió un presupuesto que aprobó la administración anterior para arreglo de vías de solamente 3 mil millones. Es  decir, para recuperar tres kilómetros de los 370 dañados. Y cero pesos para arreglar las envejecidas redes del Ibal.
La alcaldía, ante esta gran dificultad, presentó un proyecto de endeudamiento al Concejo municipal, el cual fue aprobado para los cuatro años de gobierno. De los cien mil millones de cupo de endeudamiento, algo menos de 40 mil millones son para arreglar vías. En los cuatro años de este gobierno, con gran esfuerzo y responsabilidad se podrían recuperar casi 70 kilómetros y faltarían 300… Por eso se decidió priorizar las rutas de los buses y el centro de la ciudad. Se trabaja duro pero es insuficiente porque no alcanza el dinero. Los arreglos han sido bien hechos, no aplicando capas superficiales de asfalto sino recuperando a profundidad la vía para que el remedio dure y sea efectivo.
Como el abandono vial era tan crónico y tan grande cualquier esfuerzo se nota poco. Y el corazón de cemento de la mayoría de la gente, ve lo que hace falta más no lo que se ha hecho. Y todo el trabajo social que ha realizado el gobierno municipal no se tiene en cuenta. 
Llama la atención que todos los que vienen a la ciudad valoran su progreso, sus avances y las grandes posibilidades que se están gestando. Muchos inversionistas ven en Ibagué un centro de oportunidades y de negocios. Pero los ibaguereños, poco informados, cargados de pesimismo y escepticismo, no reconocen casi nada. ¡Qué vaina!

www.agustinangarita.com

lunes, 16 de septiembre de 2013

VANIDAD SOCIAL
Fue noticia destacada en las redes sociales el hecho reciente de un joven filipino quien se ha practicado 16 intervenciones quirúrgicas para cambiar su rostro y parecerse a Superman, el personaje de las películas. Esta persona quiere salir por las calles vestido de superhéroe y ser reconocido por prestar algún servicio.
Este caso es modelo de lo que hoy sucede en el mundo. Las personas consideran que su apariencia es lo más importante. Por eso las dietas para bajar de peso se venden como pan caliente y todo lo que tenga que ver con el cuidado del cuerpo. Además, de todo tipo de productos de belleza, para desaparecer arrugas, reducir barriga, tonificar glúteos o senos, para disimular canas y el paso del tiempo, etc. La ropa sigue la misma línea y ofrecen pantalones para dama que levantan la cola o calzoncillos que hacer ver prominentes las partes íntimas masculinas. Igual con los sostenes, fajas o extensiones, tinturas para el pelo o sustancias vigorizantes.
Hace unos días llegó a mi consultorio una dama quien presentaba unas úlceras en los labios mayores de su vagina. Llevaba ya varios meses con su problema y recibiendo múltiples tratamientos infructuosos. Al indagar por la causa de su mal me informó que se había mandado a blanquear su piel íntima con laser porque le molestaba el natural color oscuro que tenía. Pregunté a los cirujanos plásticos y me contaron que no sólo es frecuente este procedimiento sino que también se hace alrededor del ano tanto en hombres como en mujeres. Además me dijeron que era un procedimiento muy doloroso que exigía anestesia general.
¡Hasta donde nos está llevando la vanidad! Poner en riesgo la vida aplicándose tratamientos que entrañan peligro únicamente para mejorar las apariencias. Esto parece no tener freno. Para mejorar la masa muscular muchos se someten a tratamientos hormonales que lastiman la salud. Una bella señora, exitosa comerciante, me preguntaba que se podía hacer para borrar una cicatriz que le había dejado desde niña una quemadura. Su cuerpo tonificado por el ejercicio, era proporcionado y agradable. La cicatriz cubría una parte del glúteo y el abdomen bajo. Seguramente había usado múltiples cremas porque la cicatriz era suave. Sin embargo, ella no se atrevía a ir a piscina en vestido de baño por la pena de mostrar la huella del fuego en su piel. Incluso me dijo que no se dejaba ver el cuerpo de su esposo, con el que tiene una hija.
En alguna ocasión entable conversación con una profesora de Alemania oriental, le pregunté cómo se sentía después de la caída del muro de Berlín. Ella me dijo que el muro que había que destruir era el que llevaba la gente en la cabeza. Igual sucede con la señora que lleva la cicatriz en la mente más que en la piel. Esta sociedad de apariencias no valora el ser, sino el parecer. La inteligencia se mide por la protuberancia de las nalgas, del busto de las damas o los músculos de los metrosexuales.

Sociedad vacua y enferma que para vender sus vanidades le hace creer a la gente que eso mejora la autoestima y fortalece la personalidad.  Que favorece la frivolidad y las apariencias para luego quejarse por la falta de sentido, compromiso y responsabilidad.

viernes, 6 de septiembre de 2013

EL VALOR CIVIL FRENTE A LA RESPONSABILIDAD

Que difícil se convierte para el ciudadano común y corriente aceptar una crítica. Para él o ella toda crítica tiene el ácido que corroe y debe rechazarse de plano. No hay que darse espacio para reparar las posibilidades de verdad en esa crítica. Lo importante es alistar la disculpa, la excusa o la repostada. Una opción es echarle la culpa a otro. Hay que quedar bien a toda costa. Otra posibilidad es ponerse energúmeno, zapatear y hacer escena, para tratar que el ofuscamiento disipe la crítica.
En todos los aspectos es una manera fácil de evadir responsabilidades. Un verdadero ciudadano afronta el problema. Sin personalizarlo. Buscando salidas y soluciones no excusas ni disculpas. Asombra que, por poner un ejemplo, personas contratadas para hacer ruido, cuando se evalúa su prolongado silencio o sus sonidos casi imperceptibles, en lugar de revisar las razones de su falla, responden endilgándole la culpa a la sordera de los demás o cosas por el estilo.
Si una persona se compromete a algo y eso queda expresado claramente en sus funciones, no se entiende por qué al constatar que las funciones se cumplen parcialmente o definitivamente no se cumplen, la ciudadanía debe contentarse con que la función no se ejecute, el incumplido se enoje, insulte, ataque y que sea ella la que resulte siendo culpada por el que falló. Bonito así.
En el estado los gobernantes deben exigir que sus subalternos cumplan con sus responsabilidades y no aceptar, por ningún motivo, excusas por respuestas. Si la ciudadanía, que es en últimas la que paga los sueldos de los funcionarios, espera recibir una acción o un servicio, no puede obtener solamente disculpas o justificaciones. Un buen funcionario siempre es autocrítico con su trabajo. Es la única manera de mejorar siempre. Debe mantener abierta la mente para recibir críticas. No una ni dos, sino todas las que se presenten, hasta que la gente no tenga ya nada más que decir porque su trabajo es eficiente y acertado. Si escucha con atención, seguramente encontrará quejas justificadas y entenderá la necesidad de modificar conductas, de preparar estrategias y asimilar que una cosa es él o ella como persona y otra cosa son sus responsabilidades.
He conocido funcionarios que son excelentes personas, amables, joviales, respetuosos, pero ineptos. Ninguna persona va a una oficina a que con cariño y delicadeza le mientan o la engañen. Seguramente prefiere una persona seria pero eficiente. Lo ideal sería amable y eficiente, pero eso no es frecuente.
Si un grupo humano fue contratado para realizar una función y esa, por diversas razones, no se está viendo, en lugar de enojarse, buscar excusas o defenderse, el grupo debe evaluar nuevas estrategias, nuevas maneras de hacer lo que saben para poder ser eficientes y cumplir con su responsabilidad. La rutinización de la vida mata. Que tal un cirujano, por muy calificado que sea, que se excuse detrás de sus títulos y laureles, o en el conocimiento juicioso de una técnica, cuando su paciente no salió bien del quirófano.

Su responsabilidad es que sus pacientes salgan bien, y si para ello debe innovar, crear o improvisar, debe hacerlo, no buscar disculpas, justificaciones individuales o colectivas, y menos ponerse bravo o insultar a los que les hacen ver los errores.

jueves, 29 de agosto de 2013

LA PUBLICIDAD ENGAÑOSA

En el mundo capitalista actual que gobierna el mercado, todo se ha convertido en una mercancía. La mano de obra, el tiempo libre, la salud, la seguridad, la recreación y hasta la misma virginidad hoy se compran y se venden. El vehículo expedito para este mercado es la publicidad. Cualquier producto para poderse vender apela a la publicidad para llegar a manos de los consumidores. Y la publicidad es eficiente y se sofistica cada vez más.

Esto es lo que sucede y no sería problema si no se encontrara a diario que existe publicidad que apela a argucias y artimañas para engañar a los compradores. Los casos abundan.

En almacenes de cadena, que ahora se denominan grandes superficies, es común encontrar imponentes avisos, estratégicamente ubicados, que anuncian suculentos descuentos para un producto determinado. Al comprador desprevenido le llama la atención la cifra que le ofrecen como descuento, pero no se percata que en letra poco destacada y que sólo es visible si se fija con cuidado, que ese descuento escrito en grandes moldes, solo es válido si compra con la tarjeta de crédito del almacén, por ejemplo. Si el cliente no se fija, llega con su producto a la caja de pago con la confianza que le aplicará el descuento ofrecido, lo que no ocurre porque pagó en efectivo. Es una publicidad diseñada para engañar.

Igual sucede con el jabón cuya publicidad promete acabar con el 99.9% de las bacterias. Esto es publicidad engañosa, porque eso es mentira. Lo mismo pasa con las cremas dentales que le “garantizan” que en dos semanas sus dientes serán blancos y relucientes. O la crema mágica para la piel de su cara que en solo tres semanas desaparece sus arrugas, lo rejuvenece y le entrega la llave de la eterna juventud. Es una exageración que mueve a engaño que los huesos se partan como una tiza, o que deba consumir calcio desde joven para evitar la osteoporosis o que una pomada respaldada por un famoso borre las cicatrices.

No es literalmente cierto que la vitamina C prevenga infecciones, ni que un montón de productos naturistas devuelvan el vigor sexual perdido, no importa que la publicidad diga que le devolverán su dinero si no ve resultados. Tampoco es exacta la súper blancura que ofrecen los detergentes ni la puntualidad y atención esmerada que dicen entregar a sus usuarios algunas aerolíneas. Escasa debe ser la verdad en programas para adelgazar que se venden como pan caliente mientras la obesidad crece sin cesar. O de los purgantes ofrecidos desde camionetas con altoparlantes y adornadas por frascos llenos de lombrices…

No hay que olvidar la publicidad política que es más lo que miente que lo que tiene de verdad. Y como las autoridades tienen origen político, pues no ven, no escuchan, no saben, no entienden y no defienden al público.


Duele saber cómo los ciudadanos son engañados, sus bolsillos prácticamente saqueados gracias a publicidad mentirosa. La defensa de los consumidores aún es incipiente pese a los esfuerzos quijotescos de destacados personajes. Se requiere que las autoridades sean verdaderas servidoras públicos y asuman como parte de su compromiso con la sociedad, la constatación de la efectividad e inocuidad de los productos que se ofrecen como las panaceas de la salud o de la utilidad. 
BURLAS, RESPETO Y SOLIDARIDAD
Una de las costumbres más odiosas que tenemos los colombianos es la de reírnos, a carcajada batiente, de los infortunios de los demás, no importa si sean niños, ancianos, discapacitados o embarazadas. No es sino observar los videos titulados como chistosos en las redes sociales y se constatará la lista de niños que se caen de los columpios, de las mesas o sillas; que se quedan dormidos y se echan la comida encima; que se resbalan en las piscinas; o los adultos que al bajarse de un vehículo sin fijarse, caen a una alcantarilla sin tapa; o la gestante que por el peso de su bebe camina con dificultad y la comparan con animales o cosas por el estilo…
En una ocasión me solicitaron una consulta médica a domicilio. Al llegar me encontré un joven quien al manipularse las lesiones de su acné, se le inflamó de manera generosa el labio superior. Mi sorpresa fue grande cuando lo primero que quisieron hacer sus familiares fue tomarle fotos para poderse burlar más adelante de su desgracia temporal. Molesto los increpé por su actitud insolidaria y poco humana. No tiene sentido que ante una persona enferma y con los problemas que trae su padecimiento existan seres humanos riéndose del mal ajeno.
El cristianismo enseña el amor al prójimo, pero muchos lo interpretan primero burlarse y luego, si queda tiempo, ayudar. Esto tiene que ver con la debilidad con que asumimos el ejercicio de la ciudadanía y la ética del respeto. En la escuela, por ejemplo, con indiferencia de toda la comunidad educativa, ridiculizar es muy usual, hasta el punto que evitar el ridículo es lo más importante para cada estudiante, pasando por no pasar al tablero, no hablar en público ni hacer parte de la clase y pasar lo más inadvertido que se pueda. Si estamos educando para no participar, ¿cómo le exigimos al ciudadano adulto que participe?
La burla es una expresión de no respeto por el semejante. Una sociedad que no aprende a respetar al otro o la otra, es una sociedad que generará, tarde o temprano comportamientos excluyentes que desembocarán en violencias. Aprender a respetar es el camino a recorrer para la construcción de una sociedad que conviva con los conflictos, que son inherentes a la vida en comunidad, pero que los sepa manejar de manera pacífica, sin violencias.
No hay que confundir la burla con la alegría. La gente puede divertirse, desbordarse en alegría sin tener que obtenerla a costa de los demás. Cientos de niños, hoy adultos, sufrieron en silencio las burlas de los demás, ya sea por sus apellidos, por su vestimenta, los peluqueados, los acentos, la fealdad o los defectos. Y muchos no han explorado si sus comportamientos hoscos y huraños, sus rabias y mal genio, sus timideces y retraimientos pudieran tener como causas las burlas en la infancia, nacidas en el barrio, en el aula, en los parches o con la misma familia.

La burla apaga y niega la solidaridad y la amistad. Si algo necesitamos en esta sociedad son ciudadanos integrales, solidarios, participativos, democráticos que no se burlen de nadie pero si construyan fuertes lazos de amistad, afecto y respeto, para consolidar una sociedad pacífica, incluyente que transite por los caminos del progreso económico y social.

lunes, 5 de agosto de 2013

EDUCACIÓN SUPERIOR PARA LA INCLUSIÓN SOCIAL
La exclusión es un grave problema de la sociedad capitalista. Es una sociedad que no le da cabida a toda la gente. Para intentar desenredar este nudo, se habla de movilidad social. A la educación se la ha encargado del papel de movilizador en la escala social. La idea es que a mayor preparación educativa más alto se llegaría en la estratificación social. Esta concepción tiene detractores y defensores.
Un defecto evidente es que la cualificación se mide por la credencial que certifica la preparación educativa. Tener un título sería la garantía de una preparación adecuada para la movilidad social. Esto no es cierto en muchas ocasiones. Pero si ha llevado a valorar el credencialismo por encima de la cualificación misma. Eso explicaría el montón de instituciones de educación superior o técnica que con dudosas calidades, acreditan títulos a destajo, y que mucha gente acuda a ellas porque lo único que les interesa es el cartón que los acredita como preparados, así eso no sea real.
Las instituciones de educación superior, especialmente las públicas, son las llamadas a la formación de alto nivel en la sociedad. Como la demanda es alta y los cupos escasos, estos entes seleccionan sus alumnos. Los estudiantes con los mejores resultados en las pruebas SABER 11 son los escogidos. Esto genera una paradoja: la educación superior, llamada por la sociedad para crear inclusión y movilidad social, se basa en la exclusión. Que unos pocos sean escogidos y que muchos sean desechados…
Las inteligencias múltiples demuestran que los sistemas de evaluación tradicionales, tipo pruebas SABER 11, descartan a muchas personas capaces e inteligentes y las condena a la inmovilidad social. Este cuello de botella debería romperse. Las puertas de las instituciones de educación superior deberían abrirse para todos los bachilleres sin mayores talanqueras. Que el único límite sea la falta de ganas de estudiar. Pero no discriminaciones odiosas que debilitan, cuando no dañan, el tejido social. Que las exigencias y el rigor académico de la institución en sus programas junto con el rendimiento de los alumnos, sean los verdaderos factores de selección.
Hace unos días me encontré con un joven que me dijo que estudiaba su carrera profesional en una institución de educación superior privada. Al preguntarle por qué no lo hizo en la universidad pública donde ofrecen con lujo el mismo programa, me dijo, sin ocultar cierta nostalgia y vergüenza, que no le había alcanzado el puntaje y se había tenido que conformar con esa universidad privada. Este joven tuvo la fortuna que sus padres le pudieron ofrecer esta opción, pero muchos otros se quedan a la vera del camino, sin opciones y con un futuro oscuro.
Se debe trabajar por una educación verdaderamente incluyente, de calidad, sin cortapisas, abierta, pertinente, flexible y al alcance de todos los que la necesiten. Que sean las cualidades de las personas las que midan el alcance de su movilidad y no las recomendaciones, el parentesco, los recursos económicos o los resultados de pruebas de suficiencia intelectual o académica, muchas veces dudosos.

Desde muchos frentes se habla de combatir la exclusión. Creer en la inclusión social no se puede hacer desde postulados, lenguajes, creencias o posturas excluyentes. Es abriendo puertas y oportunidades como reducimos la exclusión. Las universidades no están exentas.