viernes, 5 de diciembre de 2014

INDIFERENCIA Y DELITO

Un joven profesional fue a un cajero electrónico y sacó dinero que necesitaba para algunos asuntos. Luego invitó a su novia a cenar y se dirigieron a un restaurante de la ciudad. Estaban ubicándose en una mesa cuando, de manera súbita, dos tipos los amenazaron con un arma de fuego y les exigieron entregar el dinero. Sabían que había ido al cajero. Al resistirse le propinaron dos tiros y huyeron. Gravemente herido fue llevado al hospital. Una herida de aorta le produjo una masiva hemorragia que no se alcanzó a controlar y murió.
Hace una semana comenté en este espacio sobra las pandillas en los barrios y como se inician en el consumo de alucinógenos para tener valor a la hora de asaltos y robos. No obstante, la gran mayoría de personas con las que conversé sobre el tema, además de un pequeño asombro, se encogieron de hombros. Algo así como ese es un asunto de los barrios marginales; yo cuido, quiero a mis hijos y les doy todo lo que necesitan; ellos no se meterán a ninguna pandilla. El individualismo nos lleva a asumir posturas de indiferencia frente al dolor y la necesidad ajena. El amor al prójimo no pasa de ser una retahíla que se repite cuando se ora.
El doloroso asesinato de este profesional me hizo reflexionar que ese ha podido ser mi hijo o el de alguno de los que miran con indiferencia lo que pasa y crece en la ciudad. En estos barrios olvidados por el estado e inundados por la pobreza y la desesperanza, se cocina todos los días, no siempre a fuego lento, la violencia intrafamiliar, la falta de oportunidades, el desempleo, embarazos adolescentes no deseados, el abuso sexual infantil, la drogadicción, falta de futuro, microtráfico y delincuencia. Por lo tanto, es allá donde debemos poner toda nuestra ayuda y atención. El delito no se combate sólo con policía, con cámaras de seguridad o con alarmas. Se combate con recuperación social y abriendo oportunidades. No es con caridad sino con solidaridad. Tampoco con politiquería. Es acompañando procesos desde y con la comunidad.
Estoy convencido que más vale un centímetro de acción que kilómetros de buenas intenciones. Con unos amigos y estudiantes de la UT vamos a organizar procesos para ocupación del tiempo libre de muchos jóvenes en algunos barrios de la comuna 7. No será a nombre de nadie en particular. Serán acciones con las que queremos contribuir. No vamos a discutir si el estado hace o no. Esa discusión permite a muchos disimular su indiferencia y no hacer algo considerando que eso le toca a otros. Creo que es una manera de devolverle a esta ciudad lo mucho que nos ha dado.

Invito a que cada uno piense qué puede hacer por Ibagué. Cómo puede ayudar a mejorar esta ciudad que decimos amar. Sin alharacas. Con acciones. Si cada uno se decide a hacer cosas buenas por la ciudad y abandonamos la indiferencia, el egoísmo y la apatía pronto tendremos la ciudad que nos merecemos. ¡Manos a la obra!

martes, 2 de diciembre de 2014

PANDILLAS JUVENILES EN IBAGUÉ

Un problema en la ciudad, que muchos desconocen y algunos no quieren ver, es el de las pandillas juveniles. Crece el número de barrios asolados por este problema y preocupa la indiferencia de las autoridades frente a él.
Las pandillas juveniles son pequeños grupos de muchachos y muchachas unidos por lazos de afecto, afinidad y solidaridad. Estas afinidades pueden ser variadas: amor por un equipo de fútbol, por un tipo de música, un estilo de vida, gusto por la droga o por fines delictivos, entre otros. Desde el programa de ciencia política de la Universidad del Tolima se realizó una investigación en barrios del extremo nor-oriental de la ciudad en la comuna 7. En sólo cuatro barrios encontraron 4 pandillas y una alta inseguridad.
Las características de los integrantes de estas pandillas fueron: núcleos familiares rotos, sentimiento que el estudio no les ofrece futuro, falta de reconocimiento social y familiar, marginamiento, tejido social escaso, violencia intrafamiliar y consumo de sustancias sicoactivas. Elementos comunes son el microtráfico y el comportamiento violento. Al entrevistar a algunos pandilleros se hizo evidente la falta de afecto en sus vidas, el maltrato crónico en el seno de sus hogares y el contacto temprano con el consumo, con expendedores de alucinógenos y el abandono del estudio o del trabajo.
Los que son hinchas del fútbol, aparte de su amor por la camiseta y el consumo consuetudinario y mezclado de bazuco, marihuana o alcohol, descargan sus pasiones con los vidrios, puertas o mobiliario de los vecinos. Si se atraviesa un hincha de otro equipo lo agreden y han llegado hasta apuñalarlos. Todos viven armados. El microtráfico es su supervivencia económica. La convivencia en estos barrios se hace muy difícil. Pero la violencia puede tener otros móviles, por ejemplo, castigan la infidelidad de alguna muchacha con un miembro de barra enemiga o el pisar territorios que consideran sagrados y propios. En estos barrios existen barreras invisibles que separan y dividen la vida cotidiana.
Otras pandillas se dedican al delito. Los jóvenes sienten una solidaridad en el grupo que la mayoría no recibe en su hogar, además se sienten protegidos porque saben que el que se meta con ellos se meterá con todo el grupo. Aprenden rápidamente a robar, a traficar y a buscar nuevos consumidores para poder venderles la droga y con el producido comprar lo que anhelan y mantener su consumo personal. Utilizan “carros”, así denominan a los niños que entran droga a sus colegios para distribuirla.

Estos jóvenes que se organizan en pandillas son hijos de la violencia y huérfanos de un estado débil y ausente. Son víctimas de la falta de oportunidades y de una sociedad indiferente donde el egoísmo, el individualismo y la soledad crecen como mala hierba para cosechar centenares de jóvenes que se pierden en el consumo de drogas ilícitas, en la delincuencia y que generan embarazos juveniles, nuevos hogares rotos y ambientes de inseguridad y dolor. La queja mayor de estos jóvenes es que la utilización de su tiempo libre solo les da la salida de la droga y la delincuencia…

lunes, 24 de noviembre de 2014

SI RESPETO Y NO TOLERANCIA

La forma como conocemos y aprendemos en Occidente no permite que el respeto se interiorice a medida que crece nuestro saber. Todo lo contrario. Nuestra manera de aprender entraña la negación del otro, el irrespeto y por lo tanto, es generadora de comportamientos violentos. Se nos ha enseñado que el mundo existente es igual para todos. De igualmente que conocer es hacer una representación mental o interior del mundo que existe allá afuera. De tal forma que mientras más detallada sea la imagen interior que se construya del mundo exterior, más coincidirá con los objetos que existen en la realidad fuera de nosotros. Eso lo asumimos como conocer…
Nadie conoce de igual manera. Cada uno conoce con su propia anatomía que es diferente en cada persona, con su propia historia, que es diferente aunque se viva bajo el mismo techo, y con su inteligencia, experiencia, sueños, miedos y limitaciones. Quiere decir que la imagen del mundo que cada ser humano de Occidente construye, difiere de la de los otros, aunque miren la misma realidad. Los problemas surgen con la creencia que la manera de conocer es universal, igual para todos, y que las imágenes que construimos deberían ser iguales o similares  para todos.
Entonces, se piensa que lo que cada uno conoce es la realidad y que lo que conocen los demás debería ser IGUAL a lo que uno conoció. Si esto no ocurre es porque los otros están equivocados, conocen mal o son de mala fe. El que conoce piensa que tiene un acceso privilegiado a la realidad y que lo que conoce es real, objetivo y además, verdadero. Los que conocen diferente estarían equivocados y su saber falso. En palabras simples, el conocer nos enseña a negar a los otros por el hecho de conocer distinto. Y como el otro está equivocado para qué escucharlo y por qué respetarlo…
Esta manera de conocer nos lleva al dogmatismo, al individualismo cerrero y creernos portadores de la verdad, a no querer escuchar al otro, a querer tomarnos siempre la palabra y nunca la escucha, a actuar y no a reflexionar. Mire con cuidado las discusiones que se arman en Facebook, por ejemplo, y encontrará el irrespeto y el adueñamiento de la verdad en los que discuten. Igual ocurre en la arena política, en el deporte, en las universidades, en los barrios y comunas, en los medios de comunicación, en la escuela…
Para tratar de convivir se inventaron la tolerancia. Que es una negación del otro pero que se posterga, que se aplaza. Es decir, el otro está equivocado, pero no lo contradigo, simplemente lo tolero.

Para construir convivencia debemos entender que cada ser humano en Occidente conoce distinto y que la vida en comunidad requiere comprender que nadie es dueño de la verdad, que ella es construida socialmente, por lo tanto, realizada por todos. Si nadie tiene la verdad, la convivencia se da en la medida que asumamos que tenemos que respetar al otro, no por equivocado, sino por diferente, distinto y diverso. Entonces se requiere respeto y aceptación del otro y no tolerancia o negación aplazada.

sábado, 15 de noviembre de 2014

CONSTRUYENDO PAZ

Por estos días y por todos los medios se habla de paz. Es el tema de conversación en muchos espacios de la vida local y nacional. Es un tema válido y legítimo. Pero la paz no es un tema exclusivo de gobierno y actores armados. Tampoco sólo de las víctimas. La paz requiere el aporte individual y colectivo de muchos. Para atemperar la paz cada uno de nosotros debe hacer evidente la violencia que está presente en cada uno de los momentos de nuestras vidas.
Hay violencia en la imprudencia del que maneja moto y quiere adelantar vehículos sin respetar normas, en contravía, por los andenes, o viajar a velocidades no permitidas. Hay violencia en los conductores de vehículos que piensan que la vía es un campo de combate o de carreras. Hay violencia en el conductor que cuando el semáforo se pone en amarillo, en lugar de frenar, acelera poniendo en peligro las vidas propia y ajena. Hay violencia en la autoridad de tránsito que no hace difusión de sus normas ni exige su conocimiento a los ciudadanos…
A propósito de lo dicho, en el código nacional de tránsito se estableció como obligación en la educación preescolar, básica y media impartir cursos de tránsito y seguridad vial. El Ministerio de Educación, en consonancia con esta ley, a través de la directiva ministerial No 13 del 2003, estableció una serie de consideraciones, acciones y alternativas pedagógicas en materia de educación y seguridad vial, haciendo énfasis en que esta temática debía ser trabajada con pedagogías activas dentro y fuera del aula de clases. También estableció como temas obligatorios para las Instituciones educativas la formación en la educación para la justicia, la paz, la democracia, la solidaridad, la confraternidad, el cooperativismo y, en general, la formación de los valores humanos. ¿Creen ustedes que esto se está cumpliendo a cabalidad en Ibagué?
El código del menor busca proteger a niños, niñas y adolescentes de los abusos de autoridad, entre otros, con los que los adultos los atropellan. Sin embargo, que no deban molerlos a palos, ni colgarlos de las vigas ni quemarles las manos cuando se hurtan algún mendrugo o chuchería, no quiere decir que se les deje crecer sin ningún tipo de corrección. Es violencia contra ellos dejarlos crecer sin tutela, guía ni protección. No asumir responsabilidades y actuar sin carácter son otras formas de violencia, que si bien no dejan rastros de sangre, si dañan y perjudican a mucha gente.

Para construir paz se necesita hacer evidentes múltiples formas de violencia que permanecen ocultas, que pensamos que es natural que así se obre, y tratar de eliminarlas de la vida diaria. La primera condición es que cada uno se convenza. El cambio empieza por el individuo. Por la reflexión permanente sobre el tema. Con la autocrítica abierta y sincera. El cambio social hacia la paz se podrá hacer realidad en la medida que los individuos cambien. A la par de exigir la paz en La Habana, hay que trabajar por evitar la violencia en el hogar, en  el trabajo, en medios de comunicación, en la sociedad…

viernes, 7 de noviembre de 2014

MANUALES DE CONVIVENCIA Y DERECHOS HUMANOS
Hago parte de la Maestría en educación de la Universidad del Tolima. Dirijo la línea de investigación en pedagogía de los derechos humanos. Uno de los aspectos que hemos investigado tiene que ver con los manuales de convivencia escolar (MCE) de las Instituciones educativas (IE).
Desde la Ley general de educación y del decreto 1860 de 1994 está establecido que cada IE debe tener un MCE que se realizará y actualizará con la participación de la comunidad educativa como parte fundamental del Proyecto Educativo Institucional. Se buscaba superar la vieja idea de reglamentos escolares donde primaba el autoritarismo y los deberes estudiantiles. Al abrirlos a la participación se buscaba democratizar y legitimar el sistema escolar.
¿Que hemos encontrado? Que el autoritarismo no se ha desterrado del todo de la educación. Que directivas docentes, en algunas IE, utilizan a su amaño el MCE para hacer de las suyas, resultando en violación flagrante a los derechos humanos.
La mayoría de estudiantes saben que existe un MCE pero  desconocen a fondo su contenido. No han participado en su actualización ni en procesos de socialización. Se sigue pensado por algunos que el MCE es un instrumento para imponer disciplina y obediencia, que la convivencia es aprender a ser dócil, servil acatando sin rezongar toda orden.
La escuela tiene la impronta de la vida misma. Los conflictos y cambios de la sociedad se reflejan en ella, por lo tanto, debe adaptarse a las veloces transformaciones que suceden en la cotidianidad. No hacerlo es vivir desfasada y atropellar a los miembros de la comunidad educativa. Si todo cambia, los MCE no pueden ser estáticos, definidos de una vez y para siempre. El MCE es una herramienta en la que se consignan los acuerdos de la comunidad educativa para facilitar y garantizar la armonía en la vida diaria de las IE. Pero como se dijo, son los acuerdos logrados con la participación de la comunidad educativa, no las imposiciones de un rector o un cuerpo directivo que no les interesa la participación ni la democracia.
Los acuerdos logrados deben respetar los derechos humanos y aportar de manera significativa para la convivencia. Según la norma estos deben servir para la prevención del consumo de sustancias psicoactivas, resolver con oportunidad y justicia los conflictos y ser una instancia de dialogo y conciliación. Empero, tanto el consumo como la violencia escolar siguen creciendo.
Los estudiantes y padres de familia no conocen el MCE, los jóvenes son castigados sin el debido proceso, en ocasiones son desescolarizados ante cualquier conflicto, su derecho a la educación muchas veces es vulnerado y su voz no se escucha. Esto está ocurriendo en algunas instituciones públicas y privadas.

Es urgente que la Alcaldía y su Secretaria de educación organicen un plan de choque para evaluar este problema. Que lideren y vigilen la actualización participativa y la socialización de los MCE para que realmente las IE sean semilleros de paz y concordia. La calidad de la educación también tiene que ver con el ambiente escolar, con el respeto mutuo y la noviolencia.

viernes, 31 de octubre de 2014

CULPANDO A LAS VICTIMAS
Una característica de nuestros tiempos es sacarle el cuerpo a las responsabilidades. Buscar siempre culpables fuera de sí mismo para eludir responsabilidad y endilgársela a otros. Lo peor es que ahora se le echa la culpa a la víctima. Veamos algunos ejemplos.
Es clásico el tema de los derechos humanos. Nacieron como mecanismo de contención, desde los ciudadanos, para evitar que el Estado, haciendo uso legítimo de la fuerza, se excediera y atentara contra ellos. Como el comportamiento usual en el Estado ha sido el abuso del poder y excesos de autoridad, los derechos humanos se convirtieron en una piedra en el zapato para las autoridades. Se volvieron incómodos para los gobernantes por las continuas denuncias de sus violaciones. Como los derechos humanos son un acuerdo internacional entre los estados para defenderlos y respetarlos, varias naciones empezaron a sufrir vetos y sanciones. Entre ellas Colombia. Para evadir responsabilidades, se inventaron la idea de que los derechos humanos son responsabilidad de todos. Cuando una responsabilidad se diluye, la responsabilidad desaparece.
En esa misma línea, cuando las autoridades no dan respuesta satisfactoria en la protección a los ciudadanos frente al delito, en lugar de mirar con sentido autocrítico qué está ocurriendo, les echan la culpa a los ciudadanos. De esta manera los ciudadanos víctimas de los delincuentes resultan siendo culpables. Argumentan que los ciudadanos son descuidados, que “dan papaya”, que no viven atentos, que la autoridad no puede estar pendiente de todo. Al final resulta que al ciudadano lo robaron por culpa de él. Es decir es víctima y también culpable.
Hoy dicen que la calidad de la educación depende de los padres y del entorno, no de los maestros ni de la escuela. Un padre de familia pone su hijo a estudiar en un colegio privado, paga una pensión cara y no puede exigir nada si los resultados del estudiante son mediocres porque la culpa es del padre y de su hogar. Es una paradoja que una persona pagué por un servicio y no pueda exigir calidad en él, porque resulta siendo el culpable del mal servicio.
Los mensajes de hoy son cómodos para las autoridades: la salud es asunto de todos, la seguridad es responsabilidad de todos, por los derechos humanos debemos responder todos y si algo nos sucede es por culpa de todos. Cuando matan a alguien la gente se pregunta cosas como estas: ¿Quién sabe en qué estaría metido? ¿Qué le estarán cobrando? ¿Por algo sería? Es decir, el muerto debe ser culpable de alguna cosa. Dicho en otras palabras, es víctima y culpable a la vez. Si esto es así, para qué averiguar sobre el victimario, si de alguna forma se ajustaron cuentas y se hizo justicia.

A las mujeres que son abusadas, se les culpa por usar minifaldas o escotes, por ser bonitas y provocativas. Otra vez son culpables de ser víctimas. Creo que estamos construyendo, sin darnos cuenta, un mundo al revés. Un mundo que casi no vemos pero que se consolida cada día. Un mundo de injusticias cotidianas, de impunidad y de pérdida de derechos…

sábado, 25 de octubre de 2014

“BATIDAS” MILITARES Y LOS DERECHOS HUMANOS
Alrededor de 20 muchachos departían alegremente en una esquina de alguno de los barrios populares de la ciudad. Los corrillos estaban animados y los jóvenes pasaban de uno al otro, de acuerdo a los temas de conversación. Varias botellas de cerveza estaban desocupadas en el piso y otras a medio llenar en las manos de los contertulios. De varios celulares salían músicas distintas. Las manera de llevar el pelo variaba desde los completamente rapados, crestas con gomina y colores hasta largas cabelleras…
Súbitamente grandes camiones bloquearon las vías y un grupo de soldados saltó de ellos a las calles. Al principio fue sorpresa para los muchachos, luego entendieron que se trataba de una “batida” del Ejército Nacional para reclutar personal. Estas redadas cada cierto tiempo retornan a la vida pública. Varios muchachos intentaron escapar pero la sorpresa, al abultado número de soldados y la estratégica ubicación de los camines lo impidió. La mayoría no tenía libreta militar…
Los que no poseían el documento fueron subidos a  los camiones. No con buenos tratos. Los gritos alertaron a los vecinos y algunas mamás aún en pijama, salieron a implorar para que no se llevaran a sus hijos. Varios papás pidieron dialogar con el comandante del operativo para explicar que el detenido era hijo único, o jefe de hogar o estudiante, pero nadie les escuchó. Los camiones cargados de muchachos se dirigieron al distrito militar.
Este proceder fue expresamente prohibido por la Corte Constitucional en su sentencia C-879 de 2011 al considerar que estas batidas son procedimientos irregulares pues van en contra de lo establecido en la Constitución Política de Colombia por su artículo 28. No se puede obligar a las personas a que definan de inmediato su situación militar.
Dice el fallo de la Honorable Corte Constitucional de las Fuerzas Militares no pueden entender la ley 48  de 1993 que reglamenta al servicio militar, “en el sentido que otorga competencia a las autoridades militares para realizar batidas indiscriminadas con el fin de identificar a los remisos y luego conducirlos a los lugares de concentración, pues esa práctica implicaría incurrir en detenciones arbitrarias prohibidas por el Artículo 28 constitucional”. Además, agrega la Corte, que los remisos sólo pueden ser retenidos momentáneamente para verificar su situación militar e inscribirlos si es del caso. En ningún caso retenerlos.
Tampoco pueden las autoridades militares conducir los ciudadanos a los cuarteles o distritos militares, retenerlos por largos periodos con el propósito de obligarlos a inscribirse, someterlos a exámenes médicos, cortarles el pelo y si resultan aptos incorporarlos y desplazarlos hasta las zonas de combate.
Entendemos que el servicio militar es un deber de todo ciudadano varón que cumpla con los requisitos exigidos. No obstante, es deber del Estado y sus instituciones defender y garantizar los derechos humanos, la dignidad humana y la libertad de las personas. Por lo tanto, en ningún caso, un ciudadano puede ser retenido por el Ejército Nacional en una batida, tenga o no libreta militar.