viernes, 22 de abril de 2016

¿CÓMO VAS? ¡MUY BIEN Y MEJORANDO!

Colombia es un país de contrastes. Con pobrezas infinitas sobreviviendo lado de riquezas alucinantes, pero sin ningún tipo de aspavientos de los observadores. Hemos interiorizado y justificado estas abismales diferencias y nos parece que son normales. La miseria crece al lado de la indiferencia y la apatía. El Estado parece haber sido hecho para funcionar mal o para no lo hacerlo. El bien público parece que a nadie le interesa. Lo que prima es el egoísmo y el individualismo. Ya nuestro coterráneo, el escritor William Ospina, nos lo recordó en el primer capítulo de su obra sobre Juan de Castellanos: “Cualquier colombiano lo sabe: aquí nada sirve a un propósito público. Aquí sólo existen intereses particulares. El colombiano sólo concibe las relaciones personales, sólo concibe su reducido interés personal o familiar, y a ese único fin subordina toda su actividad pública y privada.” 
 Para encarar esta situación hay ahora dos tipos de comportamientos. Uno antiguo y tradicional que consiste en quejarse por todo y de manera permanente sin hacer nada para superar las dificultades. Pero recientemente ha crecido una nueva manera que pretende arreglarlo todo tratando de verla sólo desde lo positivo. Que unas personas, si bien están sin trabajo, llevan meses entregando hojas de vida, enfrentado puertas cerradas y pasando penurias, creen que con solo decir que les va muy bien, esto arreglará sus problemas. Además, se justifican diciendo que hay que tener esa actitud… Son los extremos que nos caracterizan. O nos quejamos y lloramos, o nos reímos ante los infortunios. En ambos casos hay una impostura gigante, una simulación. 
¿De qué sirve quejarnos y condolernos por la situación del país si no hacemos algo por transformar esas situaciones de injusticia y desigualdad que nos caracterizan? ¿Qué ganamos con simular bienestar y tranquilidad, cuando el agua nos llega al cuello? Creo que necesitamos parar un momento y reflexionar. Cuando hablo de reflexionar, me refiero a pensar de nuevo y con criterio crítico lo que hacemos y lo que nos sucede. Es tener el carácter de asumir responsabilidades. No es vivir echándole la culpa a los demás. Para encontrar la causa de nuestros males no podemos hacerlo sin mirar nuestro corazón, nuestros actos, nuestro proceder. Por lo general culpamos a los demás de nuestros males y presumimos bondad e inocencia en nuestros actos. 

Nuestra postura no es asumir la negatividad del que todo lo ve malo, que todos son enemigos y que nada se podría hacer porque una golondrina no haría verano. Tampoco es la ridiculez de creer que todo está bien y que lo estamos mejorando. Lo que debemos hacer es informarnos bien de lo que pasa, tener el carácter de reconocer en lo que contribuimos a empeorar para corregirlo, y darnos a la terea de cambiar y transformar lo que esté mal. Cada uno de nosotros, desde su espacio personal puede ayudar a cambiar las cosas. Pero hay que hacer, hay que actuar, no conformarnos con decir que las cosas están bien o muy mal y seguir inactivos o indiferentes, pensando de manera egoísta y creyendo que los que deben transformar la ciudad, la región o el país deben ser los demás…

viernes, 4 de marzo de 2016

LO QUE NOS DEJÓ EL HURACÁN VICKY

Todo parece indicar que ya pasó el remezón que causó la publicación de un vídeo por un medio de comunicación, en el que dos personas del mismo sexo pactaban un encuentro sexual, y que desató la renuncia de un viceministro y del director de la Policía junto con la salida de la directora del medio de comunicación que generó el escándalo. Si es verdad que Colombia es un país civilizado y sensato, podríamos pensar ¿qué dejó como reflexiones positivas este huracán mediático?
Que los periodistas y comunicadores deberían recordar siempre que lo único importante no es la “chiva” ni “tumbar” funcionarios, sino informar con la verdad y al servicio de la comunidad.
Que las empresas que dirigen los medios de comunicación no deberían seguir presionando a sus empleados periodistas para obtener información que le permita posiciones privilegiadas a la hora de negociar pauta o contratos con el estado y sus gobernantes.
Que el periodismo investigativo debería tener como meta el bien común y no para obtener información que pudiera ser utilizada para beneficio personal.
Que el periodismo investigativo no debería pretender desplazar a la justicia, por lo tanto, no debería condenar ni exigir condenas suplantando el papel y autoridad de los jueces o magistrados. Su papel sería apoyar a la justicia, pero no sustituirla.
Que el periodismo como el Cuarto poder no es quien completa la repartición de la torta con los otros tres poderes en el país, sino que debería representar el bien público, los intereses colectivos y de la comunidad, la defensa de la democracia, del erario y la ética ciudadana.
Que, si el periodismo no es consustancial a la ética, al respeto personal y de los demás, perdería su esencia y su razón de ser.
Que la libertad de prensa, como bien público, debería ser innegociable. Que habría que defenderla de todo ataque. Es verdad que algunos profesionales con sus actitudes venales, irresponsables y temerarias ponen en entredicho un bien que es de toda la sociedad, pero esto no debería ser óbice para defender la libertad de prensa.
Que los gobernantes, políticos y dirigentes privados de la sociedad no son inmunes. Que todos sus actos en ejercicio de sus funciones públicas deberían ser escrutables. Por la tanto, el peso de la ley también les cabría.
Que los periodistas y comunicadores no deberían ser vistos como enemigos de los gobernantes, funcionarios ni dirigentes privados. Como humanos se equivocan y debieran estar dispuestos a reconocer y enmendar sus errores.
Que la justicia habría sido permeada por la corrupción, pero no todos los jueces, magistrados o funcionarios de esa rama serían corruptos ni perseguidores de periodistas o comunicadores.
Que en general este es un país homofóbico y proxeneta. Que se escandaliza por el tráfico sexual de prebendas entre hombres y su posible prostitución, pero que ha tolerado desde siempre la prostitución femenina y se ha hecho el de la vista gorda con el acoso y el tráfico sexual femenino en el estado y empresas públicas y privadas. El constreñimiento a la prostitución y el acoso sexual se deberían combatir, no importa el género de la víctima.

Estas podrían ser algunas de las reflexiones en un país que se dice civilizado, en el que ya se olvidaron las razones del escándalo, como la comunidad del anillo, el tráfico de influencias, el chantaje, la corrupción en la meritocracia, el enriquecimiento ilícito y el espionaje descarado a la función y privacidad de periodistas y funcionarios públicos. ¿Usted qué opina?

jueves, 25 de febrero de 2016

CREDITOS GOTA A GOTA Y LA RESPONSABILIDAD BANCARIA

Son muchas las quejas por los atropellos de los cobradores de los créditos “gota a gota” en la ciudad. Esta no es una actividad nueva. Lleva muchos años funcionando pese a que cobra intereses altísimos. ¿Por qué las personas siguen utilizando este tipo de crédito? Son varias las razones. La primera es la flexibilidad. No se necesita pagar para que le hagan estudios del crédito, no hay que abrir una cuenta bancaria con un saldo de un salario mínimo, ni llenar engorrosos formularios, hacer colas y largas esperas, ni tener fiadores con finca raíz, ni nada por el estilo. Es muy fácil acceder a estos créditos. Además, el pago diario hace creer que no es difícil de cubrir. El sistema bancario, así no lo reconozca, está diseñado para prestarle dinero y servicios a los que tienen, no a los que los necesitan. El sistema legal apoya a los que no necesitan y los que de verdad necesitan, que son millares de pobres, desempleados, rebuscadores, madres cabeza de familia, etc., se ven obligados a buscar soluciones ilegales o informales a sus necesidades de recursos. Lo llamativo es que los pobres, los necesitados, en general son “buenas pagas” o de lo contrario estos prestamistas habrían quebrado. Sólo algunos se “cuelgan” y no pagan. Y como es un sistema informal con cobros ilegales, recurren a matones para intimidar y recuperar inversiones. Las autoridades deben proteger a los ciudadanos y castigar a los agiotistas por los cobros a tasas ilegales. Pero con esto no se soluciona el problema. Porque la necesidad del dinero sigue y el sector bancario con su rigidez y poca responsabilidad social, le interesa poco contribuir con la solución. Los bancos cobran por todo. Si hace un retiro o una consulta de saldo debe pagar. Como los retiros grandes por cajero no están permitidos, el cliente se ve obligado a hacer varios retiros y pagar por cada uno de ellos. Esto encarece la transacción. Para acceder al servicio de un cajero electrónico hay que tener una tarjeta cuyo manejo por parte del banco, se lo cobra al cliente. Quienes viajan pueden contrastar en el extranjero los elevados costos que se pagan por estos servicios en Colombia. Las microfinanzas y los microcréditos con sentido social han demostrado que son una oportunidad para los pobres y necesitados. El banquero, economista y premio Nobel de la paz, Muhammad Yunus en uno de los países más pobres del mundo, Bangladesh, comprobó que, hasta los pobres más pobres, cuando se les da una oportunidad pueden acceder a créditos tradicionales para salir de la pobreza y lograr su propio desarrollo. Los pobres pagan sus créditos a tasas legales, no de usura, y si reciben apoyo técnico y financiero se convierten en emprendedores exitosos. Yunus creó un banco que le presta dinero a los pobres, a intereses bajos, con muchas facilidades para la obtención de los créditos. Ahora es perseguido y difamado por ayudar… Estos modelos son replicables. Lo que se necesita es que funcionen con responsabilidad social, con ética y trasparencia. Solo así se destierra ese flagelo del “gota a gota”, de los cobros aterradores con hombres armados en motocicletas que vociferando improperios y amenazas causan el pánico en deudores morosos, en familias y vecinos. Muchos de los dineros que circulan en estos créditos son ilegales, pero deben reposar en sendas cuentas bancarias legales…

viernes, 19 de febrero de 2016

VIOLENCIA EN LA COTIDIANIDAD

El tema de la paz está en boca de mucha gente. Unos porque la desean con firmeza y otros porque no creen en el proceso que desarrolla el gobierno. Las sensaciones frente a la paz son disímiles. Para unos la firma del tratado de paz será suficiente para iniciar la transformación del país. Otros la ven como una imposible tarea. Muchos son escépticos. Pienso que la firma es parte del proceso, es un inicio, pero se deben allegar muchas cosas para atemperar la paz.
Hemos aprendido a vivir en un ambiente de competencia y enfrentamiento. Una sociedad patriarcal como esta hace pensar que la vida es campo de lucha, que no hay que confiar en nadie, que vivimos en eterna competencia, que nada se nos dará gratis y todo lo debemos ganar… La creencia en una lucha permanente por la supervivencia, nos pone en la disyuntiva de ganar o ganar. No sirve dialogar ni escuchar. Solo sirve obtener lo que se quiere, no importa cómo. La violencia, como instrumento para ganar, ha copado muchos espacios y la consideramos como algo natural, como algo normal en nuestra cotidianidad.
Para muchos hablar, debatir y discutir es perdedera de tiempo. Hay que ir a los hechos. Mientras más contundentes mejor. ¿Para que hablar si con acciones de fuerza y violencia podemos lograr lo que queremos, y muchas veces más pronto? Hemos aprendido que volvernos problema, mejor si es con violencia incluida, da más réditos que los trámites legales. La legalidad no alcanza y requiere el refuerzo de la violencia.
Si a la gente en un barrio no le pavimentan una calle, recurren a la violencia y taponan vías con carteles de protesta para buscar soluciones. Los vendedores ambulantes para evitar desalojos o retención de mercancías, recurren a marchas que terminan en disturbios para hacerse sentir. Los hinchas de un equipo de fútbol, están dispuestos a morir o a matar, por defender el honor de su divisa. Los conductores de vehículos públicos bloquean las calles; los campesinos se toman las instalaciones de las oficinas oficiales; los sindicalistas se toman sus empresas; los pacientes cansados de esperar agreden a los médicos y personal de salud; algunos comunicadores vomitan sus odios personales cuando comentan los sucesos cotidianos; un padre de familia desahoga frustraciones golpeando a su mujer a o sus hijos… en fin, ¡la apología de la violencia!
Estos actos violentos no tienen justificación, sin embargo, los justificamos. Son miles las personas que creen válido que los padres castiguen violentamente a sus hijos. Es más, muchos piensan que la norma que prohíbe lastimar a los niños es la causante de los males de la sociedad. La norma no prohíbe reprender, insta a formar, pero no a castigos físicos. Como sólo aprendimos a castigar, al prohibirlo, se cree que no hay que hacer nada. Y ese no es el espíritu de la norma. Hay docentes que añoran las épocas de los castigos físicos y ahora viven en el importaculismo, dejando hacer lo que se les da la gana a los estudiantes, pero culpando a las normas.
Debemos hacer visibles los comportamientos violentos que la costumbre ha hecho ver como normales o naturales. De ahí depende de verdad la construcción de la paz.

*Médico especialista en Medicina Biológica

viernes, 22 de enero de 2016

EN IBAGUÉ NO GANÓ LA OPINIÓN
Meses previos a las elecciones pasadas, se me pidió evaluar el peso del voto de opinión en Ibagué. Según mis cálculos, en el mejor de los casos, no alcanzaría a 20 mil sufragios. Luego sería una cifra insuficiente para una aspiración electoral. No obstante, el actual alcalde de la ciudad, dijo que montaría su estrategia política sobre el voto de opinión, al final resultó ganador. Algunos opinadores expresaron que había cambiado radicalmente la forma de hacer política, que ganaron las redes sociales, que se había derrotado la politiquería y las maquinarias electorales. Que la opinión pública había sido la gran ganadora…
Superada esta contienda electoral podemos analizar más despacio los resultados y comprobar qué tanta opinión pública fue la que se expresó y que tanto salió derrotada la politiquería, la corrupción y la clase política tradicional.
Cambio Radical es comandado en el Tolima por Emilio Martínez, ex presidente de la cámara de representantes y que salió investigado y detenido por malos manejos de dineros públicos. Por corrupción. Como fue sancionado de por vida con la imposibilidad de aspirar a cargos públicos, puso a su hermana de fachada y continúa manejando los hilos de la política.
Avaló a Toledo como candidato a la alcaldía y todo el tiempo lo amenazaba con retirarle el respaldo si no obedecía sus órdenes. Al final, lo abandonó y apoyó a Guillermo Alfonso. Esa limpia jugada le representó ganar la contraloría, la personería, la secretaría de hacienda, además de muchos puestos y contratos…
Como las sumas de la escasa opinión y Cambio Radical no alcanzaban, se repatrió para votar toda la burocracia que habían instalado en Bogotá. La inscripción de residentes en la Capital para sufragar en Ibagué rompió todos los pronósticos y obligó a anular muchas. En el Distrito se denunció como unos días antes de terminar el gobierno de Petro se prolongaron contratos y se hicieron otros de personas que vivían y cobraban desde Ibagué…
Para asegurar las cuentas, la sagrada familia Jaramillo trabajó, como siempre, muy unida. La sangre tira, dirían nuestros ancestros. Dejaron solo al candidato del partido liberal, Rubén Darío Rodríguez, y pusieron la gente a votar por el candidato de la supuesta opinión… Con tres secretarías en la alcaldía y una gerencia le premiaron a Mauricio la acción tránsfuga contra el partido liberal. También con puestos y contratos. Y sobre todo con el control de planeación, por aquello de las construcciones…
Como el alcalde ganador no se tenía equipo para gobernar, inventaron la meritocracia. Con esa mampara nombraron por politiquería. Hoy en los despachos se encuentra gente inexperta y arrogante amparados en el autoritarismo y ejemplos del jefe, hablando mal de todo lo anterior y sin aterrizar propuestas. Muchos piensan que al hablar mal de los demás eso los eleva y ensalza. La verdad, es que con el tiempo bajan todos. Es tiempo de acciones y de menos retórica. La campaña ya la ganó la politiquería, el nepotismo, la maquinaria electorera y la poca opinión, les toca ahora demostrar lo que van a hacer…

*Médico y magíster en estudios políticos

martes, 19 de enero de 2016

¿QUÉ HACER POR LA UNIVERSIDAD DEL TOLIMA?

Haciendo referencia a las crisis, se dice que es como cuando uno va corriendo, sin opción de retorno, por un angosto túnel oscuro y después de un trecho se ve al fondo una luz. Lo que no se sabe si es el final del túnel o un tren que viene en contravía. Es la encrucijada de la Universidad del Tolima.
El rector y su grupo directivo, con la connivencia de las directivas universitarias (Consejo Superior, Consejo Académico, algunas organizaciones estudiantiles y algunos directivos sindicales profesorales y administrativos) perdió el rumbo universitario y metió a la institución en un túnel sin aparente salida.
Mientras que las recomendaciones sobre personal necesario para funcionar de manera óptima en una institución de educación superior, hablan de un funcionario por cada dos profesores, en la UT se tienen tres funcionarios por cada profesor. Esto no mejora la academia, pero si encarece costos. Estudios sobre el tema desarrollados en la UT existen, pero no ha habido voluntad política para ponerlos en ejecución. Lo que sí ha funcionado es el aumento desmedido de una nómina paralela para pagar favores politiqueros y de franca corrupción. También otros favores. Acabar con esta nómina y esta práctica es mandatorio.
Se necesita mayor financiación estatal, es verdad. Se debe exigir el pago de deudas atrasadas y de los aportes convenidos. Pero también absoluta claridad de cómo se invierten estos recursos dentro de la institución. La UT es de todos los tolimenses, no de pequeños grupos.
Pese a las exigencias de la norma existen profesores de planta que no tienen carga académica y no dictan clases. Esto obliga a gastar casi dos mil millones de pesos mensuales en catedráticos. Si se hiciera cumplir la norma, sin atropellar a nadie, la universidad obtendría casi un 40% de ahorro en sus recursos.
Hay facultades donde se duplican esfuerzos, se traslapan funciones y se dilapidan recursos. La reestructuración de las facultades y programas académicos, donde estos sean dirigidos por profesores y no por contratistas externos, debe permitir una modernización seria que redunde en calidad, eficiencia y eficacia. ¿Se deben mantener todos los programas o se deberían cerrar algunos por onerosos, ineficientes y de baja calidad?
Una cosa es defender la universidad pública y otra defender a ultranza la ineficiencia de lo público. La finalidad de la UT no es mantenerse abierta a cualquier costo. Para fomentar el desarrollo de capacidades humanas para su formación integral permanente, buscar el saber, producir y divulgar el conocimiento para el bienestar humano y ambiental de nuestra sociedad; la UT no puede seguir siendo la “olla más grande de Ibagué”, donde el microtráfico hace grandes negocios y nuestra juventud se corrompe, en aras del libre desarrollo de la personalidad.
Hay procesos administrativos ineficientes, ya conocidos y estudiados, que se deben tercerizar.  No faltarán los gritos de alerta a la privatización de los que prefieren la UT postrada, pero a la que le succionan algunas prebendas, a un Alma Máter eficiente y cumpliendo a cabalidad su misión.
La reestructuración o es total o la catástrofe continuará su marcha. Los sindicatos y gremios deben revisar si defienden sus garantías, sus pequeños feudos y ventajas o contribuyen a salvar a la UT. Igual ocurre con el movimiento estudiantil. La universidad no puede seguir siendo la puerta giratoria de la politiquería ni de la corrupción local y regional. La solución no es de amiguismos ni favores, sino de compromiso con la institución, con la sociedad, con la región y el país. El ethos universitario debe ser la guía. Las directivas universitarias saben y tienen claro todo esto, pero prefirieron pensar que la luz al final del túnel era la mano de los políticos de siempre.

La solución de choque necesita una medida fuerte y sostenida. Dialogada pero firme. Las directivas universitarias actuales ya no dieron la talla… ¡Deben irse!