viernes, 19 de agosto de 2011


CHIVOS EXPIATORIOS
Por: AGUSTIN ANGARITA LEZAMA
En la antigüedad, el pueblo judío tenía una costumbre que convirtió en rito de expiación. La expiación es una acción de purificación de culpas mediante un sacrificio. Según relata la Biblia, capítulo 16 del Levítico, en el rito se escogían dos chivos o machos cabríos. Al azar se escogía uno que era sacrificado por el sacerdote como ofrenda a Yavé o Dios. Durante la ceremonia, por imposición de manos, el sacerdote cargaba con todas las culpas del pueblo, al otro chivo, para entregárselo al demonio. La creencia era que el chivo expiatorio, al que se abandonaba en el desierto, se llevaba los pecados del pueblo y pagaba las culpas de la mayoría. Por eso todos corrían a insultarlo o a apedrearlo, y ninguno se atrevía a socorrerlo por miedo a caer en desgracia. Parece que este rito institucionalizó la descarga de nuestras culpas sobre alguien.
No creo que exista disculpa que justifique el acto bochornoso de Hernán Darío “El Bolillo” Gómez pegándole a una mujer. Él debe reconocer su culpa y responsabilidad y asumir las consecuencias. Lo que no encuentro para nada claro es la actitud mojigata y de doble moral de la mayoría de la gente que ha corrido, vociferando, a exigir el sacrifico público del entrenador de la selección Colombia.
Este país ha permitido y permite, de manera cotidiana y casi como costumbre, la violencia contra las mujeres. En Colombia, por lo menos una de cada tres mujeres ha sido golpeada, obligada a tener relaciones sexuales o de alguna manera maltratada es su casa durante su vida. El Instituto Nacional de Medicina Legal, durante el 2010 registró 51.182 casos de mujeres víctimas de  “violencia de pareja”. Esto equivale a 140 casos diarios, a seis agresiones por hora, una cada 10 minutos. Según un estudio del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), la situación es peor a la reconocida por Medicina Legal y cada minuto serían seis las mujeres agredidas en Colombia. Una verdadera vergüenza nacional, teniendo en cuenta que estos son los casos denunciados y que ameritan peritaje. Se conoce que sólo el 38 por ciento de las mujeres denuncia a su agresor. La no presentación de denuncias ocurre por diversas razones: miedo, chantaje, vergüenza o por ineficiencia de la justicia entre otras.
Siento que el escándalo que se ha suscitado en torno al Bolillo, que repito no tiene ninguna justificación, lo que busca es la expiación colectiva de la indiferencia y connivencia inveterada frente a la violencia contra la mujer. Lo que buscan muchos, parodiando la vieja costumbre de los israelitas, es descargar sus propias culpas en un chivo expiatorio, insultarlo y si pudieran, apedrearlo, para creer que lavan sus cochinas conciencias misóginas y machistas.
Que al “Bolillo” lo boten del trabajo, puede ser una medida entendible y justificada. Pero que nadie se preocupe por los millones de hombres que diariamente violentan a sus mujeres y que continúan trabajando sin que nadie exija justicia, ni la expulsión de sus puestos de trabajo, ni la petición de disculpas públicas y menos, el compromiso de no repetición, es lo que duele y enerva. Machismo es la creencia estúpida que los machos son mejores, compartida por igual por hombres y mujeres. Hablar de paz es aprender a no odiar a las mujeres…

jueves, 11 de agosto de 2011


¿GOBERNAR O ADMINISTRAR?
Por: AGUSTÍN ANGARITA LEZAMA
Desde hace varios años se viene impulsando la tendencia de aplicar a las organizaciones públicas, los principios y modelos de gestión de las organizaciones privadas, pretendiendo establecer una nueva y eficaz forma de Estado, una nueva manera de gobernar y de gestionar lo público. Por eso se escuchan comentarios que buscan gobiernos con enfoques de la gerencia privada, como calidad total, gerencia sin defectos, etc. El gobierno resulta reemplazado por la administración. Se ha llegado al caso que los mismos gobernantes no hablen de gobernar sino de administrar.
Estos enfoques ya han fracasado. Se insiste en ellos por el desconocimiento y la confusión entre administrar y gobernar. Según Pedro Medellín, el concepto de administración involucra un criterio inercial, rutinario, que mantiene su ritmo sin cambiar de rumbos, que se reduce a asignar recursos. Por eso son apetecidos principios como planeación, dirección de personal, control interno y manual de funciones, etc. Se buscaría determinar metas y objetivos verificables, medibles y tangibles. Por otro lado, la esencia de la administración es la estabilidad. Sus propósitos deben ser establecidos con anterioridad, y sus metas no se pueden exponer a acciones contingentes, descoordinadas o producidas por súbitas presiones externas. Además, una administración está motivada por la generación de ganancias que al reinvertirlas hagan crecer el negocio.
La política es otra cosa. En ella se enfrentan grupos de individuos, con criterios y prácticas diversas, que luchan por establecer un orden social determinado, y que buscan convencer, en torno a principios, tradiciones y valores, a la sociedad para que les permitan dirigirla. Contrario a la administración, la naturaleza de la política no está definida de antemano por verdades fundamentales, siempre validas en cualquier tiempo y lugar. Los principios y valores que determinan la política son relativos, dependen de los contenidos ideológicos con que los políticos asuman una situación cualquiera. Sus metas y objetivos, por más que se esfuercen los técnicos, sólo son parcialmente verificables, muchos no son tangibles y menos mensurables. Como el campo de acción de la política es la dinámica de la relación Estado-sociedad y sus conflictos, su naturaleza tiene que ser cambiante, para atender sin demora, los cambios y exigencias permanentes de la comunidad y sus organizaciones, así como, dar respuesta a los ajustes que se requieren para acomodar el Estado a esas transformaciones y reorganizaciones.
Si la política está determinada por el conflicto social, por las diferentes racionalidades e intereses que se enfrentan, que en ocasiones son irreconciliables, entonces la política se  mueve en el terreno de las incertidumbres, no de las certezas y seguridades.
La política busca afectar el sentido y el contenido de las decisiones públicas, marcar los rumbos de las acciones del Estado y del gobierno. Eso requiere tacto, sabiduría, intuición, audacia, habilidad, improvisación, conocimiento y paciencia. Todas reunidas. Pero no creer que se pueda llegar con un libreto escrito donde estarían las respuestas a todos los problemas, como piensan los simples administradores de la política.
Si bien es cierto política y administración son dos cosas distintas, un buen gobernante debe ser un político experto y capaz que sepa administrar, pero que tenga la visión, el carácter, la legitimidad y la autoridad suficiente para, al tomar la dirección del gobierno, modificar los rumbos donde se necesite, mantenerlos si es del caso y si toca, dar marcha atrás…

viernes, 5 de agosto de 2011

LA JUSTICIA NO ES POR CONSENSO
Por: AGUSTIN ANGARITA LEZAMA
Hace unos días entrevisté en radio a José Obdulio Gaviria. Su concepción sobre la justicia y la aplicación de la ley, merecen un comentario. Dice el ex asesor presidencial que Andrés Felipe Arias, ha sido detenido de manera injusta sin existir una sola prueba en su contra. Que el escándalo de Agro Ingreso Seguro (AIS), es un montaje, que el Tolima es testigo de ello, porque fueron centenares los campesinos que se beneficiaron con los aportes estatales, y así, por toda la geografía nacional. Es decir, que si la mayoría de campesinos, lo cual no es cierto, recibió las bondades del Estado, ¿por qué preocuparse? Como si los asuntos de la justicia fueran un tema de mayorías. Los subsidios entregados legalmente fueron miles y los dolosos fueron pocos. Si miramos los montos, encontramos que a cerca de medio millón de campesinos se les entregaron un poco más del 20 por ciento de los recursos y a menos del uno por ciento de los adinerados hacendados, más del 75 por ciento del dinero. Según José Obdulio, esta trampita no sería delito.
AGUSTIN ANGARITA LEZAMA
El artículo sexto de la Constitución colombiana expresa que los particulares, es decir, todos los que no sean servidores públicos, únicamente son responsables por infringir la Constitución y las leyes. Cuando una persona toma posesión de un cargo público y se convierte, una vez jura cumplir la constitución y la ley, en servidor público, tiene además, la obligación de cumplir las funciones que su cargo le exige, y será responsable si omite cumplir con sus deberes o se extralimita en sus funciones. Los subsidios de AIS no eran para repartirlos al arbitrio del ex ministro, ni  para favorecer a las personas que posteriormente le apoyarían sus pretensiones electorales. Utilizar los recursos públicos para beneficio personal, no sería delito, según José Obdulio. Es cierto que no se robó ni un solo peso y benefició a muchos, pero eso es delito.
Al Juan Carlos Abadía lo destituyeron como Gobernador del Valle porque utilizó su cargo para hacer proselitismo político, lo que está prohibido. Convocó a varios alcaldes de municipios vallunos para una reunión cerrada con un candidato presidencial. La falta fue probada mediante videos y declaraciones que fundamentaron su destitución. El invitado era el doctor Arias. ¿Creen ustedes que el ex ministro no sabía que estaba prohibido que los funcionarios públicos se reunieran con políticos para asuntos electorales? ¡Claro que sabía y que lo sabe! Según José Obdulio, esta falta ética es una estratagema de los enemigos del ex presidente Álvaro Uribe, para perjudicar al doctor Arias.
El Doctor Álvaro Uribe recorre los barrios de Bogotá y frente a la muchedumbre, pregunta ¿ustedes creen que yo me robe un solo peso del Estado? Cuando la gente le grita frenética que no, entonces él se cree absuelto de todo pecado. Favorecer que sus hijos se enriquezcan, que se espíe a sus contradictores, que se constriña a los electores, omitir la vigilancia para que se roben la plata de la salud, la DIAN, etc., o que se violen los derechos humanos, no es apropiarse de dinero público, pero es delito. Así José Obdulio se moleste y las mayorías aplaudan, voten y respalden.
La ley está para que la acatemos y respetemos. No para violarla por consenso.

viernes, 29 de julio de 2011

¡A ROBAR, PERO EN GRANDE!
Por: AGUSTIN ANGARITA LEZAMA
Esta conclusión parece ser el colofón de lo que está ocurriendo en el país. Los casos vistos, no asombran, pero si preocupan. La señora que encabeza la banda que defraudó la DIAN en varios billones de pesos, se presentó a audiencia sin aceptar cargos. Al día siguiente cambió de abogado y esta vez, aceptó toda la culpa, se allanó a los cargos, como dicen los juristas. Esta contradicción tendría una explicación: reconocer la culpa le disminuye la pena hasta en un cincuenta por ciento. Ejemplo, si la sanción penal por un delito contra el Estado es de diez años, al allanarse a cargos, la pena sería de cinco. Si a esto le suma colaboración con la justicia, entendida como denunciar algún cómplice menor y entregar algunas propiedades, además, si estudia en la cárcel,  siembra maticas, ayuda al aseo y demuestra buena conducta o, por decir algo, da clases de ética, comportamiento y buenas maneras, pues la pena se reduce aún más. Al final, después de los recortes, podría obtener detención domiciliaria. En otras palabras, robó al Estado, negoció con el Estado, pagó una pena mínima y salió libre, pero ¡muy rica!
Para que estas maromas funcionen se necesita un buen abogado, bien conectado, que conozca los intríngulis de la justicia. Es decir, le costará caro la defensa. Lo cual, para ella, sería un asunto menor, porque terminará saldando sus cuentas con el Estado, sin deudas con la justicia, pero con una chequera vigorosa y robusta. Y si en la cárcel, se vinculó a alguna iglesia, saldrá a predicar la salvación eterna, claro que con el respaldo de una platica ya limpia y además purificada…
El mensaje sería doble. Primero que robar al Estado vale la pena. Y segundo, que lo que hay que robar es en grande, a manos llenas, para que sobre suficiente después de pagar las deudas con la justicia. Todos los días se escucha en los medios de comunicación los informes de personas que salen libres luego de purgar dos o tres años en los casinos de la policía o del ejercito, o en casas fiscales, porque amparadas en sus cargos en el Estado, se robaron el erario público, y ahora disfrutarán, sin reparos, lo que obtuvieron ilegalmente. Cualquier joven tendrá toda la autorización para pensar que ser honrado es una estupidez, que cumplir con la ley es ser un gil, y que lo importante es aprovechar las oportunidades. Y que mejor oportunidad que embolsillarse los dineros de todos, con el respaldo del mismo Estado.
La gran mayoría de colombianos son católicos. Ser católico es creer en Jesucristo como hijo de Dios; ser bautizado, que es el rito que los hace cristianos; creer en la Biblia; en la santísima Trinidad y cumplir los Diez mandamientos. El séptimo mandamiento reza no robar. En este país hay gente que roba a nombre de Dios. Se echan la bendición para que les vaya bien en “el negocio”. Tienen una Biblia sobre la que juran que no se delatarán ni incumplirán los pactos en los que roban al Estado o al prójimo. Consumado el robo dan gracias a Dios por los favores recibidos,  ofreciendo misas o dando limosnas.
La honradez es una convicción de vida. La corrupción no se combate, simplemente, con leyes,  discursos u homilías…

jueves, 21 de julio de 2011

ROSTROS DE LA VIOLENCIA
Por: AGUSTÍN ANGARITA LEZAMA
Hablar de violencia tiene la ventaja que, en cierta medida, todos entendemos su significado, todos tenemos un concepto más o menos elaborado de ella, ya sea porque hemos sido víctimas o victimarios. Pero como cada uno de nosotros somos personas distintas, nacidos y criados en ambientes diferentes, con muy diversas historias de vida, el concepto de violencia se transfigura y modifica con las percepciones individuales, con las interpretaciones y evaluaciones que hagamos.
Un primer acercamiento al tema sería entender que la violencia se refiere a determinadas acciones humanas, individuales o colectivas, sobre las cuales, la mayoría de pueblos y comunidades tiene una valoración negativa, es decir, la violencia sería una acción reprobable, que estaría por fuera de los valores que se habrían asumido para vivir en comunidad. Sería la ruptura de unos órdenes establecidos, de una armonía preexistente, de unas condiciones de vida aceptadas como, más o menos, válidos.
Surge una inquietud. Si todos tenemos una idea relativamente bien elaborada de lo que es la violencia y la mayoría de las comunidades la rechaza, ¿por qué se dice que vivimos los momentos más violentos de la historia de la humanidad? Ocurre que la violencia ha calado de manera intensa en nuestras vidas privadas y públicas, y se ha vuelto tan cotidiana, tan de todos los días, que nos cuesta trabajo identificarla con claridad. Además, habría que sumarle un aspecto que muchos creen,  es pensar que el ser humano es violento por naturaleza. Esto tendría el inconveniente, además de justificar todas las acciones violentas, de no tener ningún sustento científico.
Hace más de 20 años la UNESCO convocó, en España, una gran cantidad de científicos, expertos y estudiosos a discutir el tema de la violencia. De allí surgió lo que se denominó el Manifiesto de Sevilla en el que se enunciaron algunos postulados que vale la pena resaltar: la violencia no está determinada genéticamente; no es heredada por el ser humano de su pasado animal; la evolución no ha favorecido una selección a los seres que tengan un mayor comportamiento violento; la violencia no está en la cabeza de los seres humanos; y no es hereditaria.
La violencia es una actitud profundamente humana, inventada y desarrollada por los seres humanos. La agresividad es un comportamiento que compartimos con nuestros antepasados los animales, diferente a la violencia que es una creación humana. Hay que tener en cuenta que la violencia es una realidad que presenta muchas caras, pero también muchas máscaras, muchos procesos de ocultación y manifestación, de visibilidad  e invisibilidad.
Una definición sencilla de violencia sería todo aquello que siendo evitable, impide, obstaculiza o no facilita el desarrollo humano en todas sus dimensiones. Se debe entender que la violencia es una realidad compleja que puede evidenciarse en acciones, emociones, pensamientos, ideas, creencias, actitudes, decisiones, palabras, discursos, gestos, símbolos, estructuras sociales, normas, mitos, leyes, regímenes políticos, procesos educativos, etc. por lo que se puede expresar en distintos tipos de violencia como: de género, física, política, doméstica, simbólica, sicológica, militar, patológica, social, estructural, cultural, etc. Debe quedar claro que la violencia no se reduce a la acción directa que causa daño, sino que hay acciones indirectas como la pobreza, la discriminación, la manipulación de la información, la corrupción y un mal gobierno que también son violencia.

jueves, 14 de julio de 2011

¡CAMPAÑA SUCIA A LA VISTA!
Por: AGUSTIN ANGARITA LEZAMA
Se empieza a vislumbrar lo que será la próxima campaña electoral, especialmente, en Ibagué. Al parecer una campaña a la alcaldía contrató al maestro de la trampa, del rumor y de la propaganda negra y sucia para que le desbroce el camino hacia el triunfo. Este psicólogo venezolano ha demostrado habilidades excepcionales para urdir engaños y mentiras, que le sirvan al candidato que lo contrate para ganar electores. Este personaje será el cerebro gris de una campaña a la alcaldía de Ibagué.
La ciudadanía tendrá que estar preparada para informaciones amañadas, tendenciosas, sin sustento, pero que serán utilizadas para desprestigiar y enlodar la honra y la dignidad de los demás candidatos. No tendrán escrúpulos en inventar falsos amoríos, amistades prohibidas o relaciones criminales. Esculcarán y exprimirán la vida privada de los contrincantes y sacarán a relucir todo tipo de calumnias. Para no dejar rastros que pongan en evidencia su delito, utilizarán el voz a voz, el chisme o la conseja.
¿Por qué un candidato tiene que recurrir a este tipo de medios, para poder ganar? Las razones son varias. La primera, es su debilidad. Pero esa debilidad no es solo electoral, lo que es evidente, sino ética, moral y, sobre todo, de formación. Si un candidato tiene las agallas de hacer picardías con tal de ganar, si llega al poder, hará también lo que sea para mantenerse, para recuperar lo invertido, para devolver los favores, para apropiarse y enriquecerse con los dineros de todos. Estas picardías son trabajo de pícaros. . ¡Una campaña corrompida produce gobiernos corrompidos!
La política es el arte de convencer. Para convencer se necesitan argumentos, sensibilidad, facilidad de expresión y de comunicación, pero sobre todo, conocimiento de los temas y de los problemas a resolver. No basta con abrazar y sonreír. Cuando los potenciales electores oyen a un candidato, les interesa escuchar cómo solucionará las dificultades que los atormentan; las propuestas que darán camino a la prosperidad, al desarrollo humano y a la calidad de vida.
Pero cuando un candidato, como dice la gente, es solo “buche y plumas”, para convencer  tiene que recurrir a comprar conciencias. Sus equipos están conformados por personas a quienes les tienen que pagar, porque nunca los convencieron de las bondades del candidato. Como su discurso es de lugares comunes y sin profundidad, apela a hablar mal de los demás. Como no tiene logros propios que resaltar, busca destacar los errores de los demás. Y si no puede se los inventa. Cuando usted escucha hablar a un sabio, la sabiduría se le nota, se le sale por los poros, no tiene que ufanarse de ella. El candidato vacuo, tiene que recurrir a la grosería, a la trapisonda o a la violencia. No hay que olvidar que la grosería y la violencia son el idioma de los que no tienen nada que decir.
¿Estaría usted dispuesto o dispuesta a que personajes de esta calaña, sean la guía del futuro de sus hijos? ¿Cree usted que proyectos como estos, son la solución para una ciudad como Ibagué, que poco a poco se abre camino al progreso y a mejorar su calidad de vida?
Que no crean que los ciudadanos sean tontos. El chimpancé, aunque lo vistan de oro, sigue siendo chimpancé. Pese a las mentiras, los electores saben distinguir entre la esmeralda y la morralla.
 .. / ..

COSTEÑIZACIÓN DE LA POLITICA EN IBAGUE
Por: AGUSTIN ANGARITA LEZAMA
La corrupción es un mal silencioso y presente en muchos ámbitos de la vida, casi se ha vuelto parte de nuestra cotidianidad. Nos hemos acostumbrado a la corrupción y pensamos que no es posible vivir sin ella. Muchos piensan que la única manera de hacer política es por medio ilegales.
En la Costa Atlántica es muy común escuchar que en elecciones se compran votos, que se ofrecen al mejor postor en cada esquina, que se compran jurados de votación, que se adulteran resultados, etc.  Hacer política se ha hecho sinónimo de trampa, mentira y engaño. Un observador desprevenido podría pensar que si bien es un tema serio, es un asunto de los costeños, que no nos atañe ni interesa. Pero está equivocado. Porque la corrupción se ha convertido en camino para acceder a puestos de poder.
La ciudad de Ibagué, desde hace varios años viene sufriendo la costeñización de la política. Se ha llegado al colmo que las ideas no cuentan, que los programas son simples requisitos. Un destacado político regional decía: para hacer política se necesitan plata y votos; si no se tienen votos, entonces multiplique la plata. Hoy por hoy el ejercicio de la política es el desenfreno de los dineros, bien o mal habidos, que corren sin reparos por todas partes.
Para ser elegido se necesita tener disponible una buena cantidad de millones para “aceitar” periodistas para que hablen bien del candidato y le construyan una imagen de prócer o de persona importante. Si el candidato no paga, no “suena” ni se ve en los medios. Se ha llegado al colmo, que algunos políticos ya no salen a los barrios y veredas a conseguir adeptos, confían en que la simple publicidad será suficiente.
Los votos los manejan los denominados “lideres” de los barrios o comunas, quienes le piden al candidato, “oxigeno” para sufragar los gastos de reunir la gente, de darles refrigerios, para movilizarse, etc. Es decir, se ha vuelto costumbre que hay que “arreglar” con varios líderes populares para que pongan votos. Estos han aprendido y cada vez cobran más caro sus favores. Existen algunos que no piden dinero, pero exigen al candidato puestos burocráticos para sus hijos y familiares, o contratos. Otros piden dinero, contratos y puestos.
Hay quienes ofrecen, por cifras astronómicas, “arreglar” los resultados. El negocio lo plantean así: que ellos se encargan, con sus amigos de la Registraduría, para que la elección se dé, no importa los votos sufragados. La compra de votos se ha camuflado como “ayudas”  para el día de elecciones, y pagan pregoneros, testigos electorales y hasta jurados de votación.
La corrupción ha encarecido las campañas. Y se piensa que lo único importante es el dinero. Eso ha permitido que personas sin ningún escrúpulo, ni formación ni experiencia pero con mucho dinero se crean con condiciones suficientes para aspirar a ser elegidos. Son verdaderos ríos de billetes, procedentes de grupos por fuera de la ley o de mafiosos de cuello blanco, los que hoy dominan la política.
¿Si la campaña es corrupta, cómo será el gobierno? No deben quedar dudas. Una campaña corrupta producirá un gobierno corrupto. El que paga para llegar,  llega a pagar y a sacar para recuperar lo pagado. Entonces, de usted depende que la corrupción continúe y avance, o que tengamos gobiernos honestos, serios y comprometidos.

jueves, 30 de junio de 2011

LA CORRUPCION  NOS  CARCOME

Es un lugar común, hablar de combatir la corrupción. Es un discurso desde el que se hacen grandes promesas, pero que en la práctica los hechos son tan escasos, que la corrupción sigue su curso, rampante, ascendente y sin reparos. Esto no quiere decir que la corrupción deba continuar su camino y que lo único que se pueda hacer es encogerse de hombros. No, de ninguna manera.
La corrupción le repartió dinero a manos llenas a los hacendados poderosos, y para tapar el sol con un dedo, también a centenares de campesinos pobres. ¿Y, entonces, cuál fue el problema? Que si sumamos el dinero entregado a centenares de miles de trabajadores del campo, y lo comparamos con la cantidad entregada a unas pocas familias poderosas que laboran el agro, nos damos cuenta que se les dieron mucho a poquitos y poquito a muchos. La función del Estado no es ayudar a los que no necesitan sino, y especialmente, a los necesitados. Y si esta ayuda a los poderosos, se hizo para pagar favores por apoyos electorales, la cosa empeora. Es corrupción utilizar los dineros públicos, los dineros que se recogen de los impuestos que pagamos todos, para beneficiar a unos pocos, que además, no pasan necesidades.
Los hospitales están en crisis porque la salud se convirtió en un negocio para beneficiar a los grupitos que siempre ganan y perjudicar a las mayorías que siempre pierden. Muchos pobres se  mueren esperando atención en las puertas de los centros hospitalarios, mientras otros disfrutan de los dineros que se apropiaron y que convirtieron en lujosos hoteles, campos exclusivos de vacaciones y descanso… La corrupción no solo está en la salud, se ha descubierto en los trámites de las pensiones, en los negocios del ejército, la policía, la armada y la fuerza aérea;  en la justicia; en las ejecuciones viales, en las investigaciones judiciales y de seguridad, en los contratos de educación para entrega de dotaciones, refrigerios, salas de cómputo, construcción de aulas, polideportivos, bibliotecas, etc. Se ha detectado corrupción en los aeropuertos; en la entrega de licencias de importación y exportación; en el deporte; en las ayudas a los damnificados; en las entregas de subsidios de vivienda; en la compra de droga para enfermedades de alto costo; en las cárceles…
En la corrupción convergen muchos de los problemas de este país. Combatir la corrupción es más importante que cualquier otra de las dificultades que nos aquejan. Si acabamos la corrupción se generaría empleo digno y permanente. Se abrirían oportunidades para nosotros, para nuestros hijos y nietos; se construirían y dotarían hospitales, escuelas, colegios, bibliotecas y polideportivos. Las universidades públicas tendrían recursos para financiar  educación con calidad, cupos suficientes para los hijos de los pobres, investigación pertinente, laboratorios dotados, prácticas suficientes y oportunas. La vivienda de interés social sería eso, de verdadero interés social. El campo recibiría el apoyo que merece y necesita. Los pobres no se verían empujados a la delincuencia, al tráfico de estupefacientes, a la prostitución, al desempleo y la desesperanza.
La pasividad, la apatía y la complicidad permiten que este país, este departamento y esta ciudad se deterioren. La culpa no es sólo de los corruptos sino también de nosotros que los dejamos hacer, que los elegimos para que roben, de nosotros que cerramos los ojos para no ver lo que nos hacen.